La estimación surge de un nuevo informe de Argentinos por la Educación. El estudio analiza la evolución de la matrícula y la cobertura del jardín de infantes en Argentina, junto con las proyecciones demográficas para los próximos años.

Durante las últimas décadas, la expansión del jardín de infantes exigió mayor inversión: construir nuevas salas y aumentar la oferta de vacantes. Pero la transición demográfica cambió drásticamente el escenario: ahora el desafío pasa sobre todo por la planificación. Como consecuencia de la caída de la natalidad, en 2027 Argentina podría alcanzar una cobertura cercana al 100% en el nivel inicial sin necesidad de ampliar la infraestructura existente.
La estimación surge de un nuevo informe de Argentinos por la Educación, elaborado por Sebastián Kiguel, María Sol Alzú y Martín Nistal. El estudio analiza la evolución de la matrícula y la cobertura del jardín de infantes en Argentina, junto con las proyecciones demográficas para los próximos años.
Según los autores, si la cantidad de vacantes del nivel inicial se mantiene constante y la capacidad instalada se utiliza plenamente, la cobertura nacional podría pasar del 87% actual a niveles cercanos a la universalización en la mayoría de las provincias en 2027. En 18 de las 24 jurisdicciones, la infraestructura existente alcanzaría para ofrecer vacantes a todos los chicos de 3 a 5 años.
La explicación ya es conocida: la caída de la natalidad. Entre 2016 y 2025, la población de niños de 3 a 5 años se redujo un 31%, al pasar de 2,25 millones a 1,56 millones. Durante ese mismo período, la matrícula del nivel inicial también disminuyó, aunque en menor medida: retrocedió un 12%.
Las proyecciones del INDEC indican que la tendencia continuará. Entre 2025 y 2030, la población de 3 a 5 años volvería a reducirse un 16%, hasta ubicarse en torno a 1,31 millones de niños: casi un millón menos que en 2016.
Brechas entre provincias
El acceso al nivel inicial todavía presenta diferencias importantes según la edad. La sala de 5, obligatoria desde 1993, se encuentra prácticamente universalizada: el 99% de los niños de esa edad asiste al sistema educativo formal. La cobertura en sala de 4 alcanza el 87%. La situación es diferente en sala de 3, donde apenas el 58% de los niños está escolarizado.
“La educación de nivel inicial sienta las bases del desarrollo futuro. Sabemos que la educación temprana de calidad tiene impactos duraderos y puede cambiar vidas. Es una inversión con muy buen retorno y una manera efectiva de reducir las desigualdades tempranas. Sin embargo, el acceso a este nivel educativo ha sido limitado y desigual en la Argentina”, sostuvo Sebastián Kiguel, investigador de la Universidad de Illinois y coautor del informe.
Durante la última década se registraron avances importantes. Entre 2016 y 2025, la tasa de escolarización en sala de 3 aumentó 18 puntos porcentuales a nivel nacional. Los mayores incrementos se observaron en San Juan, La Pampa, Córdoba, San Luis, Neuquén y Tucumán. Este año, la provincia de Buenos Aires aprobó por ley la obligatoriedad de la sala de 3; en mayo se aprobó una ley en San Luis para que la obligatoriedad rija a partir de 2028.
Hay brechas importantes de acceso al jardín de infantes entre las provincias. En sala de 3 años, Buenos Aires (75%) y La Rioja (70%) lideran la cobertura, seguidos por Córdoba, La Pampa y CABA (las tres con 69%). En el otro extremo aparecen Corrientes (29%), Misiones (23%) y Formosa (13%), donde menos de tres de cada diez niños asisten al sistema educativo formal.
Las brechas también se observan en sala de 4. Provincias como La Pampa, San Luis, Córdoba, Chubut y San Juan superan el 90% de cobertura, mientras que Tierra del Fuego, Salta y Formosa se ubican por debajo del 80%.
Además, la evolución de la oferta educativa siguió trayectorias distintas en cada jurisdicción. Entre 2016 y 2025, 19 provincias aumentaron la cantidad de secciones (salas) del nivel inicial. A nivel nacional, las salas de 3 crecieron un 28%, mientras que las de 4 y 5 disminuyeron un 5% y un 7%, respectivamente.
El foco en la calidad
Los especialistas coinciden en que la caída de la natalidad abre una “oportunidad” inédita para el sistema educativo, pero advierten que la existencia de vacantes disponibles no garantiza automáticamente una mayor asistencia.
Por un lado, la distribución territorial de la oferta puede no coincidir con la localización de las familias que necesitan esas vacantes. Por otro, sigue siendo necesario convocar a los niños que permanecen fuera del sistema educativo.
“La caída de la natalidad desde 2014 implicó una fuerte disminución en la demanda de vacantes en educación inicial. Esto, sumado a un leve aumento en la oferta total de secciones, resultó en una mejora importante de la cobertura”, señaló Rafael Rofman, investigador principal de CIPPEC. Sin embargo, agregó que la universalización no ocurrirá de manera automática. “La oferta no siempre se ajusta exactamente a las necesidades en cada espacio geográfico”, explicó.
Para los especialistas, uno de los principales desafíos de los próximos años será aprovechar la reducción de la matrícula para fortalecer la calidad educativa. La evidencia internacional muestra que los beneficios de la educación temprana no dependen únicamente del acceso, sino también de las experiencias que viven los niños dentro de las instituciones.
Rut Kuitca, especialista en educación de la primera infancia y miembro de OMEP Argentina, sostuvo que la disminución de la matrícula requiere una planificación que permita responder a demandas todavía insatisfechas, como “el trabajo en pareja pedagógica, el estado de los edificios y sus instalaciones, las condiciones laborales de los educadores y su formación continua, la cobertura en zonas donde aún falta oferta de vacantes, la ampliación hacia edades más tempranas cuya cobertura sigue siendo principalmente privada, la extensión horaria y la universalización de la sala de 3″.
Por su parte, María Laura Alzua, profesora de la Universidad Nacional de La Plata y subdirectora del CEDLAS, planteó que la expansión de la cobertura debería ir acompañada de una fuerte inversión en formación docente y en diseños curriculares específicos, especialmente para la sala de 3 años. Y agregó: “Es necesario debatir cuestiones como la obligatoriedad, que la evidencia asocia con mayores niveles de asistencia, y la articulación de la educación temprana con políticas que favorezcan la participación laboral femenina”. (Infobae)