La industria nacional que podría producir para Vaca Muerta, la minería y el campo queda al margen de su crecimiento explosivo.

El boom de los sectores energéticos y el crecimiento del campo no tracciona a industrias y proveedores locales, que pierden oportunidades de desarrollo.
La larga cadena de desarrollo productivo y tecnológico que podría arrastrar el boom de Vaca Muerta y la minería, más el renovado impulso del sector agropecuario, está trabada. Esos tres sectores, el del petróleo y gas, más la minería y el campo son la locomotora del crecimiento económico, pero le faltan vagones que debería tener detrás.
En los últimos días quedó claro dónde están esos vagones: Techint despidió a 150 trabajadores de la planta en Valentín Alsina que provee insumos para la industria petrolera, Metalfor despidió a 35 trabajadores de la fábrica cordobesa que produce maquinaria agrícola y las mineras australiana y china a cargo de un mega proyecto minero en San Juan compraron las casas para sus trabajadores en China, para armar acá pieza por pieza, con aires acondicionados y equipos de procesamiento de agua incluidos.
Son ejemplos de una situación estructural que definió el gobierno de Javier Milei con sus políticas, las cuales privilegian y dan condiciones extraordinarias a multinacionales y grandes capitales para generar proyectos de enclave, con ganancias fabulosas para ellos y escaso derrame sobre el aparato productivo y los trabajadores del país.
La cancha está inclinada en contra de los proveedores argentinos por parte del propio gobierno nacional, que facilita, por ejemplo, la importación de maquinaria usada con hasta 30 años de antigüedad. Sectores industriales como el de maquinaria y equipos registran el impacto. En lugar de estar creciendo en buena forma, gracias al impulso adicional del sector energético, en lo que va del año caen 12,7 por ciento.
Licitación
Techint y Sacde perdieron esta semana otra licitación enorme en Vaca Muerta, para la construcción del gasoducto más extenso del país, que conectará esa formación con el puerto de Sierra Grande, en Río Negro. La licitación fue promovida por YPF, en alianza con la italiana ENI y la emiratí XRG.
El consorcio local integrado por los holdings de Paolo Rocca y Marcelo Mindlin fue superado por la asociación de la estadounidense Pumpco -que comanda Jorge Mas, el empresario cubanoamericano que también es propietario del Inter de Miami-, la italiana Bonatti y la argentina Contreras Hermanos. La obra, estimada en 1200 millones de dólares, apunta a incrementar las exportaciones de gas natural licuado (GNL).
Techint y Sacde también habían sido derrotados en una licitación anterior para el desarrollo de megaproyectos de exportación de Vaca Muerta. Después de eso fue que Techint despidió a 150 trabajadores de su fábrica bonaerense, como hilo más delgado del negocio que salió mal.
“Se necesita otro Estado, no menos Estado. Los países industrializados tienen estados fuertes, no débiles, que regulan y guían los procesos de desarrollo, Acá eso no está pasando y se pierden oportunidades muy importantes para favorecer la producción nacional con valor agregado”, analiza Martín Pollera, economista y director del Grupo Atenas, que trabaja propuestas para un plan productivo integral dentro del peronismo.
Condiciones
A través del RIGI, el Gobierno recortó a solo 20 por ciento la obligación de contratar proveedores locales en inversiones superiores a los 1000 millones de dólares. En el super RIGI, después de un intento inicial por quitar hasta eso, tuvo que negociar su continuidad. Pero habilitó cláusulas que permiten eludir este porcentaje si el proveedor internacional presenta un precio menor, lo que en la práctica marginará a amplios sectores de la industria nacional.
“Hay empresas industriales argentinas en pleno proceso de reconversión que están trabajando con Vaca Muerta. Eso ocurre. Pero no alcanza para dar vuelta a un sector completo. Por ejemplo, entre los metalmecánicos y los metalúrgicos hay algunos que están trabajando muy bien para los rubros energéticos, pero hay una mayoría que queda afuera y no se hace nada para incluirlos ”, cuestiona Pollera.
En otro rubro, como el de la maquinaria agrícola, el estancamiento o la caída que experimentan los fabricantes nacionales contrasta con el crecimiento de la producción rural.
“El potencial es grande. Podemos tener beneficios claros, pero tienen que estar atados a condiciones macro que se les puedas exigir a los inversores en sectores primarios”, indica el especialista.
Recuerda lo que fue la ley de economía del conocimiento que impulsó inicialmente el kirchnerismo que fijaba condiciones de contratación de trabajadores, desarrollo tecnológico y aumento de exportaciones a cambio de los beneficios fiscales.
También recomienda “políticas de crédito flexible para los sectores productivos que se busca desarrollar, condicionados a objetivos y resultados, con un Estado eficiente supervisando el cumplimiento de esos requisitos”,
En Brasil, los créditos de su banca de desarrollo mejoran la competitividad de fabricantes de maquinaria agrícola que después desplazan a productores nacionales en el mercado interno. “Esas son las cuestiones que debemos resolver”, insiste Pollera.
En contra de la lógica del RIGI, advierte que “las inversiones no se definen por exenciones impositivas. Se definen por condiciones productivas. ¿Hay rentabilidad o no? ¿Puedo distribuir dividendos? Suficiente. Si el Estado les da exenciones, lo agradecen, dicen que van a acelerar los procesos de inversión, pero lo que hacen es apropiarse de una rentabilidad extra».
Y remarca: “Los países que más se desarrollaron en el mundo en los últimos 30 años, no solo no aplicaron esas recetas del RIGI, sino que impusieron e imponen condiciones como medio para el desarrollo. China, India, Malasia son ejemplos, pero también ponen condiciones a las mineras en Chile o Brasil, que aquí no existen”.
De ese modo, los sectores que lideran la economía dejan pocos ganadores y oportunidades de desarrollo en el camino. (Página 12)