Mientras la Municipalidad promete una ciudad cada vez más atractiva para el turismo, vecinos y automovilistas deben sortear un paisaje urbano marcado por calles destruidas, baches profundos y una falta de respuestas que ya dejó de ser una excepción para convertirse en regla.

Hay problemas que ya no necesitan estadísticas. Basta con recorrer unas pocas cuadras de Paraná para comprobar que el deterioro de la red vial dejó de ser un inconveniente aislado y pasó a transformarse en una de las principales postales de la capital entrerriana.
La gestión de la intendenta Rosario Romero (PJ) enfrenta crecientes cuestionamientos por el estado de las calles, una situación que se fue agravando en los últimos años sin que aparezca un plan integral capaz de revertirla. Los operativos de bacheo, que en otros tiempos eran permanentes y efectivos, hoy aparecen de manera esporádica, mientras los vecinos observan cómo nuevos pozos nacen antes de que desaparezcan los anteriores.
Paraná todas las profundidades y tamaños
El problema ya no distingue barrios. El casco céntrico exhibe hundimientos, asfaltos quebrados y reparaciones inconclusas. En la periferia, el panorama resulta aún más complejo, con calles prácticamente intransitables cada vez que llueve.
La ciudad turística que primero debe sobrevivir a sus calles
Paraná intenta consolidarse como un destino turístico, promocionando su río, sus barrancas, su gastronomía y sus espacios públicos. Sin embargo, esa estrategia choca con una realidad imposible de ocultar.
La primera impresión para quien llega a la ciudad muchas veces no es el paisaje, sino la necesidad de esquivar pozos para evitar romper una cubierta, dañar la suspensión o protagonizar un accidente. La infraestructura vial es también una carta de presentación. Y hoy esa carta muestra signos evidentes de abandono.
Cuando la ironía ocupa el lugar de las respuestas
Quizás el dato más preocupante no sea solamente el deterioro de las calles, sino el modo en que la ciudadanía comenzó a canalizar su malestar.
La imagen que circula en redes sociales muestra a un jugador de la selección argentina con la popular bandera que se viralizó en todas las redes sociales luego del partido entre Argentina e Inglaterra por la semifinal del.mundial solo que está vez el.mebsahe implora «Rosario Romero arréglame las calles por favor». Una imagen que sintetiza con humor una frustración colectiva.
En este caso, el meme ya no busca únicamente hacer reír. Funciona como una denuncia. La ironía, como en otras ocasiones, aparece cuando las respuestas oficiales no llegan o llegan demasiado tarde.
Está claro que, cuando el reclamo ciudadano termina convirtiéndose en un chiste viral, probablemente el problema haya dejado de ser solamente el estado del asfalto.
La planificación que nunca llega
Toda ciudad requiere mantenimiento permanente. Los baches aparecen, pero también deben desaparecer con rapidez. Lo que hoy preocupa en Paraná no es únicamente la existencia de calles rotas, sino la sensación de ausencia de planificación urbana. La respuesta parece siempre correr detrás del problema.
Mientras tanto, miles de vecinos siguen pagando impuestos y transitando una ciudad donde conducir se parece cada vez más a superar una carrera de obstáculos.

Una deuda pendiente
El viejo fantasma que rezaba: «Paraná, todos los pozos», ironizando el slogan turístico que antaño expresaba: «Entre Ríos, todos los verdes»; parecería haber regresado. En aquel momento la intendencia estaba en manos del esposo de la actual intendenta Romero. ¿Un mal de familia?
El deterioro de la infraestructura vial no admite discursos ni campañas publicitarias que logren disimularlo. La realidad está a la vista de todos. Paraná necesita recuperar sus calles no solo por una cuestión estética o turística, sino por seguridad, calidad de vida y respeto hacia quienes todos los días recorren la ciudad.
Hasta que eso ocurra, el humor seguirá siendo una de las formas más efectivas de expresar una verdad incómoda: cuando los baches ocupan el centro de la escena, la gestión queda inevitablemente bajo la lupa.