La caída de la interacción del Presidente en X ya había sido registrada por distintos informes. Ahora, los allanamientos a propiedades vinculadas a Fernando Cerimedo —uno de los principales arquitectos de la comunicación digital libertaria— vuelven a poner bajo sospecha el verdadero alcance de la maquinaria digital que acompañó a Javier Milei desde la campaña electoral.

Javier Milei construyó buena parte de su identidad política sobre las redes sociales. X —la plataforma que durante años funcionó como su principal territorio de disputa— fue presentada como el escenario donde el Presidente lograba romper el cerco de los medios tradicionales y demostrar, publicación tras publicación, que detrás de su discurso existía una enorme comunidad dispuesta a respaldarlo.
Pero esa fortaleza digital comenzó a mostrar grietas.
Un informe de QMonitor publicado en abril había registrado una caída del 87% en la interacción de Milei en X en poco más de dos años: de alrededor de 3,1 millones de acciones en sus publicaciones a unas 400 mil. El dato fue interpretado como una pérdida significativa de aquella capacidad de imponer agenda y generar conversación que caracterizó al Presidente durante la campaña y los primeros meses de gobierno.
Ahora, el escándalo que involucra a Fernando Cerimedo agrega una nueva dimensión a la discusión.
El hombre detrás de la maquinaria digital
Cerimedo fue uno de los principales estrategas de comunicación de la campaña que llevó a Milei a la Presidencia y estuvo vinculado a la construcción del ecosistema digital libertario. También es fundador de La Derecha Diario, una plataforma que posteriormente se convirtió en una de las cuentas que el propio Presidente más republicó en X.
Una investigación de Chequeado recordó que Cerimedo reconoció haber trabajado con estrategias de “campaña negativa” y granjas de trolls, mientras que su portal difundió durante aquellos años distintos contenidos que fueron posteriormente verificados como desinformación.

Los allanamientos realizados sobre propiedades vinculadas al consultor en Bolivia volvieron a colocar en primer plano el funcionamiento de esa estructura. Según los reportes difundidos en las últimas horas, durante los procedimientos se habrían encontrado dispositivos, documentación, dinero y elementos vinculados a una presunta estructura de bots. La información todavía forma parte de una investigación en curso y deberá ser determinada por la Justicia.
Y ahí aparece la pregunta política que trasciende el caso judicial: ¿cuánto del respaldo digital que durante años exhibió el Presidente representaba una adhesión genuina y cuánto podía estar relacionado con estructuras artificiales de amplificación?
Una caída que ya era visible
No hace falta esperar a que una investigación judicial determine responsabilidades para observar un fenómeno concreto: el Milei de las redes sociales ya no genera la misma respuesta que generaba al comienzo de su gestión.
La caída de interacciones registrada por QMonitor constituye un indicador objetivo de ese cambio. El Presidente sigue teniendo una enorme cantidad de seguidores y conserva una capacidad considerable para instalar temas, pero la distancia entre aquella explosión digital de 2023 y el escenario actual es evidente.
La paradoja es evidente: mientras Milei continúa utilizando X como una herramienta central de comunicación política, los números muestran que aquella comunidad digital que parecía multiplicarse sin límites perdió intensidad.
Y si parte de aquella maquinaria dependía de cuentas coordinadas, trolls o mecanismos artificiales de amplificación, la caída adquiere todavía mayor relevancia.
El reposteo como arma política
El propio comportamiento reciente del Presidente también resulta significativo. Tras la detención de Cerimedo en Bolivia, Milei utilizó X para republicar mensajes que cuestionan la versión de la mujer atacada y plantean que el episodio podría formar parte de una operación política.

Es decir, frente a una situación que involucra a un antiguo colaborador y estratega de su espacio político, el Presidente volvió a recurrir a la misma herramienta que lo convirtió en una figura central de la política digital argentina: el reposteo.
Pero esta vez el contexto es diferente.
Ya no se trata solamente de la capacidad de Milei para hacer viral un mensaje. Se trata de conocer qué había detrás de aquella capacidad de viralización.
El rey al desnudo
Durante años, el fenómeno Milei fue presentado como una revolución política nacida de las redes: un dirigente capaz de superar a los medios tradicionales, construir millones de seguidores y convertir cada publicación en una demostración de fuerza.
Ahora, esa narrativa enfrenta una pregunta incómoda.
Si los likes, reposts y tendencias fueron utilizados para construir la percepción de un respaldo social mucho mayor al real, entonces no estaríamos solamente ante una cuestión tecnológica. Estaríamos frente a una herramienta de construcción política destinada a fabricar una sensación de mayoría.
Por eso, los allanamientos a Cerimedo pueden terminar teniendo una dimensión mucho mayor que la del expediente que los originó.
Porque si la Justicia llegara a comprobar que existieron estructuras destinadas a inflar artificialmente la presencia digital de determinados dirigentes, quedaría expuesto algo que hasta ahora era difícil de demostrar: que una parte del poder que Milei exhibió en las redes pudo haber sido menos espontáneo de lo que parecía.
El rey, entonces, podría quedar al desnudo.
Y detrás de la corona digital, en lugar de una multitud espontánea, podría aparecer una maquinaria mucho más pequeña, organizada y cuidadosamente diseñada para producir la ilusión de una multitud.
La investigación judicial deberá determinar qué ocurrió realmente. Pero mientras tanto, hay un dato que ya no puede ocultarse detrás de los hashtags: el fenómeno digital de Milei perdió fuerza, y los números de interacción están muy lejos de aquellos que alguna vez parecieron imbatibles.