El exintendente volvió a caminar Paraná y su movimiento empieza a sacudir un escenario político que parecía encaminado hacia la continuidad. Con una historia de gestión, una fuerte llegada a los barrios más postergados y una capacidad singular para reconstruir vínculos, Solanas vuelve a ocupar un lugar que el peronismo no termina de llenar. En una ciudad atravesada por dificultades cotidianas, su figura representa algo más que una candidatura: la posibilidad de recuperar el abrazo, la escucha y la esperanza.

Julio Solanas salió a caminar Paraná y, cuando eso sucede, la política parece recuperar otro color. No se trata solamente de un dirigente que vuelve a recorrer las calles ni de un exintendente que comienza a medir sus posibilidades de cara a 2027. Hay algo más profundo detrás de ese movimiento, una forma de hacer política que conserva vigencia porque se apoya en el contacto directo con la gente, en el reconocimiento de los rostros y en la cercanía con quienes muchas veces quedan fuera de las prioridades del poder.
La posibilidad de que Solanas vuelva a disputar la Intendencia ya dejó de ser un rumor marginal. Su agrupación, La Jauretche, ratifica su voluntad de instalarlo en la escena electoral y el propio dirigente confirmó que está caminando, militando y visitando vecinos. Según publicó Página Política, el trabajo territorial comenzó hace aproximadamente dos meses. El dato importa porque anticipa que el movimiento no responde a una reacción de último momento, sino a una decisión política que empieza a tomar cuerpo.
Y en ese escenario aparece una lectura inevitable. Julio Solanas es el candidato que Rosario Romero nunca quiso tener enfrente, no necesariamente porque su sola presencia garantice un resultado electoral, sino porque pone en discusión una idea de continuidad que parecía encontrar pocos obstáculos dentro del peronismo paranaense.
La intendenta tiene su propio proyecto y buscará sostenerlo en 2027. Pero la aparición de Solanas obliga a revisar los cálculos, a escuchar a sectores que no siempre encuentran representación en los espacios de decisión y a reconocer que el peronismo de Paraná no puede reducirse a una sucesión acordada entre dirigentes.
El valor de una política que todavía abraza
En una época en la que buena parte de la dirigencia parece hablar desde la distancia, Solanas conserva una herramienta que no se consigue con publicidad ni se construye de un día para otro: la llegada a los sectores populares, a los barrios más olvidados y a esas familias que necesitan respuestas concretas antes que discursos cuidadosamente preparados.
Su vínculo con Paraná no nació en una campaña. Se construyó durante décadas, entre militancia, recorridas, conversaciones y una trayectoria pública que lo llevó a ocupar responsabilidades centrales. En esa relación hay una dimensión humana que sus adversarios pueden discutir, pero que resulta difícil ignorar cuando vuelve a ponerse en movimiento.
Porque existe un casillero que hace tiempo parece incompleto en la política paranaense. Es el de la cercanía genuina, el de la capacidad de escuchar sin convertir cada conversación en una fotografía electoral, el de entender que detrás de cada reclamo por una calle, una luminaria, el agua, la limpieza o un servicio municipal hay personas que esperan que alguien las tome en serio.
En los barrios donde las necesidades se acumulan, un dirigente no se vuelve importante por la cantidad de veces que aparece en una pantalla, sino por la capacidad de establecer un vínculo y sostenerlo. Allí es donde Solanas busca recuperar protagonismo y donde su figura puede encontrar una respuesta que excede las estructuras partidarias.
Paraná vive en mundos paralelos, uno con base en discursos llenos de futuro e innovación y otro que necesita gestión, planificación y grita por la falta de recursos. Pero también necesita reconstruir la confianza entre quienes gobiernan y quienes sienten que sus problemas cotidianos no encuentran solución. La política no puede reemplazar una obra pública con un abrazo, pero tampoco debería creer que una ciudad se gobierna únicamente con expedientes, anuncios y números. La cercanía no sustituye a la gestión; le da sentido.