A dos años de la implementación del programa de refuerzo en la enseñanza básica, las 24 jurisdicciones adoptaron lineamientos comunes en la aplicación de política educativas. Sin embargo, persisten diferencias en la aplicación, uso de evaluaciones, entrega de libros y formación docente.

A dos años de la puesta en marcha del Plan Nacional de Alfabetización, la Argentina muestra avances en la coordinación federal de políticas educativas, en la formación docente y en la distribución de materiales, aunque todavía persisten desafíos vinculados a la implementación efectiva en las aulas y la medición del impacto en los aprendizajes. El dato, ya conocido, reflejó el problema en el nivel básico ya que solo el 45% de los alumnos de tercer grado alcanzaron el nivel esperado de lectura. En el medio, un combo de factores que impacta en el resultado final, como presupuesto, recursos, la avanzada de las pantallas, entre otros elementos que afectan la trayectoria de los estudiantes.
El informe realizado por el Observatorio Argentinos por la Educación analizó el recorrido desde 2024 hasta la actualidad de estos cambios y la implementación de política focalizadas en planes de alfabetización. El documento, elaborado por Luz Martorelli, Martín Nistal y Lucía Vallejo, relevó las principales políticas nacionales y provinciales impulsadas desde la aprobación del plan por parte del Consejo Federal de Educación, y advirtió que si bien se consolidó un marco institucional común, aún no existen datos comparables que permitan determinar mejoras concretas en los niveles de lectura de los estudiantes.
En un contexto en el que la alfabetización se instaló como prioridad educativa tras la campaña impulsada en 2023 por organizaciones civiles y respaldada por dirigentes políticos, entre ellos el actual presidente Javier Milei, las brechas educativas y de aprendizajes se mantienen. Al mismo tiempo, la implementación de las estrategias y política (con grandes avances) aún no muestran resultados satisfactorios, en tanto que persisten problemas en temas vinculados a materiales de apoyo, infraestructura y capacitación docente.
Plan nacional de alfabetización: avances institucionales y desafíos en la implementación
Según el trabajo realiado por Argentinos por la Educación, las 24 jurisdicciones aprobaron sus planes provinciales de alfabetización y la mayoría avanzó en la creación de equipos técnicos específicos y en la definición de lineamientos curriculares. En total, 17 provincias ya cuentan con estructuras técnicas dedicadas a esta política, mientras que otras cinco están en proceso y dos aún no las implementaron.
También se registraron avances en la capacitación docente: más de 11.500 maestros participaron en instancias presenciales y más de 37.000 en cursos virtuales. Además, el programa Escuelas Alfa en Red (Resolución Nº 1041/25) alcanzó a 6.686 instituciones con mayores dificultades en lectura y escritura. En paralelo, la inversión nacional creció de forma significativa dado que el gasto destinado a alfabetización pasó de representar el 2,4% del presupuesto educativo en 2024 al 6,4% en 2025, con un incremento real del 152% (ver gráfico 1). Parte de esos recursos se destinó a la compra y distribución de 19,6 millones de libros.
Sin embargo, el informe señala que muchas acciones todavía se encuentran “en desarrollo”, especialmente las vinculadas al acompañamiento pedagógico y al uso sistemático de evaluaciones para mejorar la enseñanza. La profesora de Lengua y formadora docente Anabella Díaz analizó los resultados del Plan Nacional de Alfabetización y advirtió que, a dos años de su implementación, los avances aún se perciben más en el plano institucional que en los resultados concretos de aprendizaje, con fuertes diferencias entre provincias.
Según explicó a Ámbito, el proceso comenzó con señales positivas, como el aumento presupuestario y la distribución de materiales, pero con dificultades en la implementación. “El impacto que vemos desde las escuelas todavía tiene mucho de declarativo y un inicio de gestión complejo”, señaló la profesora. En esa línea, remarcó que la llegada tardía de libros afectó el trabajo pedagógico: “En la escuela, la diferencia entre tener un libro en marzo o tenerlo en agosto es un año de lectura perdido”, enfatizó.
Díaz sostuvo que uno de los principales problemas sigue siendo la falta de evaluaciones sistemáticas que permitan medir avances reales. En ese sentido, destacó que “si las pruebas no son censales y no hay devolución obligatoria de resultados a cada escuela, los docentes seguimos trabajando a ciegas”. Para la especialista, esta debilidad impacta directamente en las provincias, donde muchas políticas todavía no logran traducirse en mejoras concretas en el aula.
Situación nacional y provincial: avances dispares y problemas persistentes
El relevamiento muestra que el principal progreso se observa en la dimensión institucional, mientras que las acciones que impactan directamente en el aula presentan ritmos más lentos. En capacitación docente, 11 provincias ya implementaron programas completos, 12 continúan desarrollándolos y una aún no los inició. En cuanto al acompañamiento a escuelas, nueve jurisdicciones realizaron visitas sistemáticas, mientras que 15 están en proceso.
La entrega de materiales también refleja disparidades: 12 provincias completaron la distribución de libros, 5 están en proceso y 7 no la iniciaron o no la incluyeron en sus planes. Otro punto crítico es el uso de evaluaciones para orientar decisiones pedagógicas. Solo cinco jurisdicciones informaron haber tomado medidas concretas basadas en datos, lo que evidencia limitaciones en la llamada “cultura de evaluación”. Especialistas vinculados al Conicet remarcan que la falta de información sistemática dificulta ajustar estrategias pedagógicas y monitorear mejoras reales.
La importancia de la alfabetización
La docente de nivel primario Marina Bertone advirtió sobre la importancia de fortalecer los procesos de alfabetización en Argentina en un contexto atravesado por el avance de las tecnología, la digitalización y la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en las prácticas escolares. Desde su experiencia en el aula, sostuvo que aprender a leer y escribir sigue dependiendo de habilidades cognitivas y pedagógicas que requieren tiempo, concentración y el uso de soportes tradicionales. En ese sentido, remarcó el valor de la escritura manual en los primeros aprendizajes: “Escribir a mano no es sólo trazar letras, compromete al cuerpo entero implicando el uso de la motricidad fina, que tiene una relación directa en cómo el cerebro procesa y retiene lo que está aprendiendo”.
Bertone explicó a Ámbito que distintos estudios muestran que el trabajo con papel activa áreas vinculadas al lenguaje y la memoria, mientras que las pantallas introducen interrupciones constantes que afectan la comprensión. La docente también señaló que durante años las políticas educativas priorizaron la incorporación tecnológica sin evaluar su impacto real en los resultados. “Durante años, la premisa era la de incorporar tecnología al aula como si eso fuera sinónimo de innovación educativa”, afirmó, y agregó que tras la pandemia “los resultados en comprensión lectora no mejoraron, en muchos casos empeoraron”. En ese marco, planteó que el desafío actual es equilibrar el acceso digital con estrategias pedagógicas que sostengan los procesos de alfabetización profunda.
La IA en los procesos de aprendizaje: ¿ayuda u obstáculo para la alfabetización?
Frente al crecimiento de herramientas basadas en la IA y el uso intensivo de dispositivos, Bertone consideró además que es clave recuperar prácticas escolares que favorezcan la atención sostenida. “Aprender a leer y escribir requiere concentración sostenida, disfrute sin distractores, la posibilidad de equivocarse y tachar y volver a empezar”, señaló, al tiempo que destacó la necesidad de generar espacios de reflexión con los estudiantes sobre el uso de las pantallas.
Al respecto, la docente explicó las diferencias en los procesos analógicos con «papel, lápiz y libros» y los digitales con el uso de pantallas. «Si lo pensamos desde la escritura, hacerlo en un portador de papel, ya sea afiche, cuaderno, hoja, estamos frente a registros que quedan disponibles para manipular, volver sobre ellos y que sirven de insumo para escrituras futuras. Un dispositivo tecnológico por supuesto puede guardar registros escritos, pero la disponibilidad es otra, no es tan accesible más teniendo en cuenta en los primeros intentos por escribir», argumentó.
Y añadió: «La lectura en papel implica ir hacia el texto, sostenerlo, volver. La pantalla, en cambio, propone lo contrario: el texto se mueve, se interrumpe, compite con una notificación, con un video, con el brillo mismo del dispositivo». Finalmente, subrayó que el rol docente debe complementarse con el acompañamiento familiar para sostener los aprendizajes en un entorno hiperconectado. “El aula es un espacio increíble, pero no alcanza”, sostuvo, y concluyó: «Si en casa la pantalla no tiene límites, el trabajo docente queda sin continuidad, alfabetizar es un acto comunitario».
Los números de la alfabetización en las provincias
La prueba Aprender de Lengua realizada en 2024 alcanzó a más de 100.000 alumnos de tercer grado y mostró que solo el 45% logra niveles de lectura esperados para su edad. Al mismo tiempo, los datos ponen en relieve las fuertes diferencias regionales. Entre las jurisdicciones con mejores resultados aparecen Formosa (64%), Córdoba (59%) y la Ciudad de Buenos Aires (55%), mientras que provincias como Chaco, Neuquén y Misiones concentran mayores proporciones de estudiantes en niveles bajos de lectura (ver gráfico 2).
Al tratarse de una evaluación muestral, no fue posible devolver resultados individuales a cada escuela ni medir aún la evolución posterior a la implementación del plan, uno de los principales reclamos de especialistas.
Sobre la implementación territorial del plan, Díaz indicó que persisten «dos deficiencias estructurales: una cadena rota en la información y una profunda fragmentación pedagógica». En ese sentido, detalló que aunque la mayoría de las jurisdicciones diseñó sus planes, pocas utilizan datos para tomar decisiones: «Solo 11 aplicaron evaluaciones propias, 4 devolvieron resultados a las escuelas y apenas 5 tomaron decisiones pedagógicas usando esos datos».
Las brechas entre provincias también reflejan desigualdades históricas y falta de criterios comunes. Díaz explicó que los resultados de lectura muestran diferencias claras entre jurisdicciones como Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires frente a otras regiones del país. «Estas diferencias muestran la ausencia de un marco nacional común sobre cómo enseñamos a leer y cómo medimos», afirmó. Para reducir esas distancias, la especialista planteó la necesidad de «un piso metodológico basado en la evidencia, evaluaciones diagnósticas continuas y previsibilidad en la llegada de recursos». Y concluyó: «Sin información sistemática y sin acuerdos pedagógicos básicos, las provincias siguen avanzando a ritmos muy distintos y eso termina profundizando las desigualdades de origen».
Dónde está parada hoy la Argentina
A dos años del inicio del Plan Nacional de Alfabetización, el país logró instalar el tema como prioridad educativa y avanzar en acuerdos federales, financiamiento y formación docente. Sin embargo, los resultados de aprendizaje todavía no muestran mejoras medibles y persisten brechas entre provincias y entre el diseño de las políticas y su aplicación efectiva en las aulas. El desafío central ahora pasa por consolidar la implementación, fortalecer las evaluaciones y sostener recursos para que la alfabetización deje de ser un diagnóstico preocupante y se transforme en una mejora concreta en los aprendizajes.
El escenario actual muestra fuertes diferencias entre provincias en resultados, recursos y enfoques pedagógicos, lo que refleja desigualdades estructurales previas y la ausencia de criterios comunes para enseñar y evaluar la alfabetización. El desafío hacia adelante será consolidar la aplicación efectiva de los planes, fortalecer el uso de datos para la toma de decisiones y garantizar continuidad en los recursos para reducir las brechas educativas. (Ámbito)