Un relevamiento realizado a partir de entrevistas a 123 personas consultadas de diferentes edades y estratos sociales, del radio céntrico y de la periferia de la ciudad, revela un cambio drástico en los hábitos de consumo de familias con ingresos formales. Entre la resignación y el silencio, la crisis local dialoga con el modelo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei.

Comer menos, elegir peor: la nueva dieta de la clase trabajadora

Desde enero, un sondeo de opinión elaborado por la joven Consultora ACC – Paraná, viene registrando un fenómeno tan extendido como invisibilizado en la ciudad de La Paz, Entre Ríos: el deterioro sostenido en la calidad de vida de familias con empleo registrado, ingresos mensuales y cobertura de salud.

El dato no es menor. Ya no se trata únicamente de los sectores históricamente más postergados. La crisis alcanzó de lleno a quienes, hasta hace poco, lograban sostener una vida relativamente estable.

En ese universo, hoy se multiplican escenas que hace apenas un año parecían impensadas: padres con trabajo formal que envían a sus hijos a comedores escolares para garantizar al menos una comida diaria; hogares donde se cena una sola vez al día; decisiones alimentarias atravesadas exclusivamente por el precio.

La carne vacuna y ovina se volvió un lujo prohibitivo. El asado, directamente, desapareció de la mesa. En su lugar, aparecen opciones más económicas como carne picada de pollo o alitas, en un claro retroceso nutricional que impacta especialmente en niños y adolescentes.

Ajuste cotidiano: caminar, recortar y postergar

El relevamiento también evidencia un cambio profundo en los hábitos cotidianos. El aumento de tarifas de electricidad y combustibles no solo golpeó el bolsillo: reorganizó la vida diaria.

Cada vez más trabajadores optan por caminar para ahorrar en transporte. Se eliminan consumos considerados “prescindibles”: servicios de cable, plataformas como Netflix, salidas recreativas.

Las compras en supermercados abandonan las marcas tradicionales y se orientan exclusivamente a las opciones más baratas. Las frutas y verduras se adquieren solo en oferta, cuando es posible. Actividades que antes se tercerizaban, como cortar el pasto, ahora son asumidas por los propios integrantes del hogar.

Incluso consumos arraigados como cigarrillos o bebidas alcohólicas se mantienen, pero con una clara migración hacia productos de menor calidad.

Endeudamiento y salud: pagar lo urgente, resignar lo importante

Dentro de los puntos críticos del informe es la administración del endeudamiento. Las familias priorizan pagos en función del riesgo inmediato: tarjetas, impuestos y servicios se abonan únicamente cuando existe amenaza de corte o mora severa.

En paralelo, emerge un dato alarmante: la suspensión de tratamientos médicos por razones económicas. Personas con enfermedades crónicas abandonan dietas específicas o recurren a muestras gratuitas de medicamentos para sostener, como pueden, su salud.

El sistema de cobertura formal ya no alcanza. Tener obra social dejó de ser garantía de acceso pleno.

El silencio social y la extensión del problema

Uno de los aspectos más complejos que señala el relevamiento es el carácter silencioso de la crisis. “Pocos lo reconocen en público”, advierten quienes participaron del estudio. Sin embargo, el deterioro atraviesa a amplios sectores.

Y hay un punto que agrava aún más el diagnóstico: estos datos corresponden a familias con ingresos registrados. La pregunta que sobrevuela -y que nadie logra responder con precisión- es qué ocurre con quienes están fuera del sistema formal.

La Paz como espejo de un modelo nacional

Lo que sucede en La Paz no es un fenómeno aislado. Por el contrario, funciona como un espejo nítido del impacto territorial de las políticas económicas implementadas desde la asunción de Javier Milei. Lo que se vive en La Paz, también se viene profundizando en la mayoría de las localidades entrerrianas, sea del color político que sea su intendencia.

El ajuste fiscal, la liberación de precios y el encarecimiento de servicios esenciales configuran un escenario donde el equilibrio macroeconómico se sostiene, en gran medida, sobre el deterioro microeconómico de los hogares.

La lógica del “sinceramiento” de precios encuentra su contracara en mesas más vacías, consumos restringidos y derechos básicos tensionados.

Entre la adaptación y el límite

La sociedad paceña, como tantas otras en el país, muestra una enorme capacidad de adaptación. Ajusta, recorta, reorganiza. Pero esa elasticidad no es infinita.

Cuando familias con empleo formal deben recurrir a comedores escolares, suspender tratamientos médicos o eliminar alimentos esenciales de su dieta, el problema deja de ser individual para convertirse en estructural.

La Paz, hoy, expone con crudeza una pregunta que recorre a toda la Argentina: ¿cuánto más puede soportar el tejido social antes de romperse?

Porque detrás de cada número del relevamiento hay una historia concreta. Y en cada historia, una certeza incómoda: el ajuste ya no es una abstracción económica. Es una experiencia cotidiana.

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