El organismo cambió sus pronósticos para la economía argentina y anticipó una suba del IPC dos veces mayor de la esperada inicialmente.
Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguraba que a partir de abril va a comenzar a desacelerar la inflación y que el fenómeno “va a tener un certificado de defunción”, el Fondo Monetario Internacional cambió los pronósticos para la Argentina y puso en aprietos al gobierno de Javier Milei.
El organismo multilateral recortó las proyecciones de crecimiento para el país y, al mismo tiempo, aumentó las previsiones de inflación para 2026.
El análisis del FMI sostuvo que este año la Argentina tendrá un crecimiento del 3,5% en su Producto Interno Bruto (PIB), medio punto porcentual menos del porcentaje que había previsto originalmente en octubre.
Sin embargo, el dato más sobresaliente de su informe de Perspectivas Económicas Globales (WEO) es que la inflación anual esperada alcanzó el 30,4%; casi el doble de la proyección anterior.
Este cambio en los pronósticos se da en medio de una aceleración de la inflación que comenzó en junio del año pasado y que el gobierno libertario no puede frenar.
En febrero, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado por el INDEC fue del 2,9% y se espera que el de marzo llegue al 3%, confirmando la tendencia alcista que se mantiene desde al menos 9 meses.
Las proyecciones no son buenas y empañan las promesas de un gobierno que atraviesa su peor momento político y que continúa prometiendo meses de mejora económica que nunca llegan.
