El despido de un funcionario por un crédito millonario del Banco Nación no logra tapar el problema de fondo: una trama de beneficios para dirigentes oficialistas que expone contradicciones, falta de transparencia y el doble discurso del Gobierno.

Un despido que no alcanza para cerrar la crisis
La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, decidió desplazar a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, tras quedar envuelto en el escándalo por los créditos otorgados por el Banco Nación a funcionarios del oficialismo.
Massaccesi había accedido a un préstamo hipotecario por más de 400 millones de pesos, uno de los montos más altos dentro de los casos conocidos.
La decisión fue presentada como un gesto de “tolerancia cero”, pero en los hechos aparece más como un intento de contener un escándalo que ya escaló a nivel político.
El problema no es uno sino el sistema
El desplazamiento del funcionario ocurre en medio de la difusión de un listado más amplio de dirigentes y funcionarios que también accedieron a créditos millonarios.
Entre ellos aparecen nombres vinculados al equipo económico que conduce Luis Caputo, así como funcionarios del Banco Central y legisladores oficialistas, con préstamos que en algunos casos superan los 300 o 500 millones de pesos.
La polémica creció a tal punto que desde la oposición ya se impulsaron pedidos de informes para determinar si existieron condiciones preferenciales o beneficios indebidos en el acceso a estos créditos.
Lo que queda en evidencia es que el caso no es aislado, sino parte de un esquema más amplio que compromete al corazón del Gobierno.
Silencios incómodos y funcionarios expuestos
El escándalo no solo golpea a Pettovello. También deja bajo presión a figuras centrales del oficialismo, como el propio Caputo y el vocero presidencial Manuel Adorni, que quedaron salpicados por la difusión de operaciones similares.
Mientras tanto, desde el Gobierno evitaron dar explicaciones claras. Ni el Ministerio de Economía ni el Banco Central ofrecieron precisiones sobre los criterios utilizados para otorgar estos créditos.
El silencio oficial refuerza la sospecha de que no se trata solo de decisiones individuales, sino de prácticas que atraviesan distintas áreas del Estado.
Ajuste para la sociedad, beneficios para la política
El episodio deja al descubierto una contradicción central del discurso oficial: mientras se sostiene un ajuste severo sobre la población, funcionarios del propio Gobierno acceden a financiamiento millonario.
Desde el entorno de Pettovello intentaron justificar el despido como una cuestión de “imagen” y coherencia con la austeridad que se busca transmitir.
Sin embargo, el problema ya no es comunicacional. Es político.
Un Gobierno acorralado por sus propias prácticas
El caso de Massaccesi no cierra la crisis, sino que la profundiza. Porque revela una lógica difícil de justificar: mientras se exige sacrificio a la sociedad, el poder parece operar con reglas distintas.
El escándalo de los créditos del Banco Nación expone, una vez más, las tensiones internas y las inconsistencias de un modelo que promete transparencia, pero que vuelve a quedar bajo sospecha.
En definitiva, el despido no resuelve el problema. Apenas intenta contener una trama que ya dejó al Gobierno frente a una pregunta incómoda: quiénes se benefician realmente en la Argentina del ajuste.