El encuentro celebrado este jueves en Casa de Gobierno entre el gobernador Rogelio Frigerio y el ministro del Interior, Diego Santilli, trascendió la foto institucional: en su conferencia de prensa posterior, ambos dirigentes ratificaron un respaldo explícito a los proyectos de reformas impulsados por el gobierno nacional, entre ellos la reforma laboral que se debatirá en el Congreso.


Un respaldo explícito en primera persona

Frigerio fue contundente en su apoyo: “Te llevás un apoyo contundente del gobierno de Entre Ríos a los proyectos de reformas, en este caso de modernización laboral, de inclusión de derechos a la mitad de los trabajadores que no los tienen”, sostuvo, reafirmando así que la provincia acompañará la iniciativa oficialista.

Lejos de ser una mera formalidad, su discurso lo enmarca en una lógica de alianza política con la Casa Rosada: “La idea es que a la Argentina le tenga que ir bien, que a este gobierno nacional le tenga que ir bien para que le vaya bien también a nuestra provincia y a los entrerrianos, independientemente de cualquier especulación personal o electoral”.

Por su parte, Santilli enfatizó la coincidencia con el mandatario entrerriano en los principales lineamientos del gobierno: “El Presidente tiene una agenda muy importante de reformas… mi tarea es escuchar a todos los gobernadores y lograr una agenda común para la Argentina y para las provincias”, señaló en referencia al diálogo federal que impulsa su gestión.

Gobernadores y la construcción de respaldo legislativo

El oficialismo se encuentra en plena gestión para consolidar apoyos provinciales de cara al debate de la reforma laboral en el Congreso. Con la ratificación de Frigerio, ya son al menos seis mandatarios provinciales que habrían expresado su respaldo a la iniciativa, incluyendo gobernadores de Mendoza, Chaco, San Juan, Salta y Neuquén, según publicó la agencia nacional de noticias.

Este tipo de respaldos tienen una lectura directa hacia la Cámara de Senadores, donde el oficialismo no cuenta con mayoría propia y necesita votos alineados políticamente para facilitar la sanción del proyecto. La estrategia de Santilli combina la recolección de apoyos con discursos orientados al empleo formal, la inversión y la productividad, bajo el argumento oficialista de que “Argentina tiene que generar trabajo formal y atraer inversiones”.

Un gesto político más allá de las palabras

Aunque la retórica oficial rodea al tema de la modernización laboral con nociones de inclusión y más empleo, el respaldo de Frigerio —gobernador de una provincia con peso político y representación legislativa— pone en evidencia la lógica de alianzas que el Ejecutivo nacional quiere consolidar antes de que la reforma ingrese formalmente al recinto.

Más allá de las diferencias discursivas que puedan recorrerse en otros ámbitos políticos o sindicales, el encuentro entre Frigerio y Santilli confirma que el gobierno busca construir desde lo federal un bloque de apoyo político que sostenga su agenda de reformas estructurales en el Parlamento.

El impacto social que no aparece en los discursos

El respaldo explícito de los gobernadores a la reforma laboral no ocurre en el vacío. Mientras desde el oficialismo se insiste en la idea de “inclusión” y “modernización”, las centrales sindicales y numerosos especialistas advierten que el proyecto implica un retroceso en derechos conquistados, una mayor precarización del empleo y un corrimiento del Estado como garante de relaciones laborales equilibradas.

En provincias como Entre Ríos, donde el empleo registrado convive con altos niveles de informalidad y salarios deteriorados por la inflación y el ajuste, la reforma despierta más incertidumbre que expectativas. El acompañamiento del gobierno provincial al proyecto nacional puede ser leído como una apuesta a la gobernabilidad, pero también como una desconexión con la realidad cotidiana de miles de trabajadores y trabajadoras que no encuentran en la “flexibilización” una solución a sus problemas estructurales.

El silencio —o la cautela— de los sectores gremiales frente a estos respaldos institucionales anticipa un escenario de tensión futura. Porque si bien los acuerdos políticos se sellan en despachos oficiales, las consecuencias de las reformas se sienten en fábricas, oficinas, comercios y calles. Y allí, lejos de los discursos, es donde se medirá el verdadero costo social de las decisiones que hoy se presentan como inevitables.

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