La Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Unión Industrial Argentina (UIA) salieron al cruce del presidente Javier Milei tras sus críticas en la apertura de sesiones del Congreso, reclamando «respeto» por el sector productivo y advirtiendo sobre la situación industrial. AEA destacó el rol de las empresas privadas, mientras la UIA defendió la importancia de la industria nacional.

  • Petición de respeto: Ambas entidades empresarias exigieron al gobierno respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo, señalando que este es necesario para reconstruir la confianza.
  • Contexto de las críticas: Milei había señalado en su discurso ante el Congreso que la Argentina está «atrapada en la trampa del fetiche industrialista» y criticó el esquema de sustitución de importaciones.
  • Defensa de la industria: La UIA respondió con la frase “Sin industria no hay Nación”, buscando poner en valor el sector manufacturero frente a la visión agroexportadora del Gobierno.
  • Preocupación económica: Los industriales expresaron su preocupación por el impacto del freno en la actividad y la presión impositiva sobre la industria, alertando sobre la necesidad de condiciones para el crecimiento sostenido.

La respuesta de las entidades empresarias ocurre en un momento de tensión entre el sector fabril y la administración de Javier Milei por las políticas de apertura económica y reducción de protecciones.

Silencio entre pymes y grandes

Hasta la irrupción del comunicado fabril, el establishment manufacturero había optado por un silencio táctico frente a la embestida presidencial. La parálisis atravesaba toda la jerarquía del poder empresario: los gigantes corporativos absorbieron los agravios públicos para no dinamitar la línea de negociación por las condiciones macroeconómicas y las reformas estructurales de fondo. En los pasillos del círculo rojo leyeron la virulencia del jefe de Estado como un modus operandi para avivar a su núcleo duro, pero que en la práctica logró reconfigurar el tablero del poder. Milei eligió a sus aliados en los sectores exportadores anclados en el RIGI y sentó en la vereda de enfrente a la industria tradicional, a la que los nuevos ganadores del modelo le exigen asumir que fue un engranaje fundamental de un ecosistema que fracasó.

Mientras las corporaciones con espalda financiera esquivaban el choque de micrófonos, en la base de la pirámide la agonía pyme profundizó su fase crítica. Lejos de la macro, las pequeñas y medianas empresas enfrentan un desplome interanual de ventas que ya consolida un año y medio de rentabilidad negativa, con la cadena de pagos rota y tasas de interés que imposibilitan el crédito de contingencia. Los datos oficiales exponen la asimetría del modelo: aunque el Estimado Mensual de la Actividad Económica (EMAE) general creció un 4,4% en 2025, la industria manufacturera se hundió un 3,9%. Pese a la quiebra inminente, la inacción dirigencial respondía al éxito de la matriz discursiva del oficialismo: cualquier empresario que alzara la voz para reclamar medidas de alivio enfrentaba el costo altísimo de ser estigmatizado automáticamente como «kuka» o tildado de mercenario que busca vivir del Estado.

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