El gobernador Rogelio Frigerio volvió a condicionar la discusión salarial a la situación fiscal de la provincia y a la falta de recuperación de los recursos coparticipables.

Mientras tanto, los datos de inflación y pérdida del poder adquisitivo exponen un escenario cada vez más adverso para los trabajadores estatales entrerrianos.

La advertencia oficial y el límite de las cuentas públicas
Al referirse a la paritaria de este año, el gobernador Rogelio Frigerio planteó un escenario conocido, aunque no por eso menos conflictivo: «todos los años tenemos esta discusión respecto de los salarios.

Ell año pasado tuvimos una paritaria histórica anual. Vamos a ver si llegamos a un acuerdo en ese mismo sentido, teniendo en cuenta lo que es de público conocimiento, que la recaudación de las provincias en general y la nuestra no es una excepción, no se ha recuperado todavía”.

Frigerio profundizó el argumento fiscal y puso el foco en la coparticipación federal, principal fuente de ingresos provinciales: «a pesar de que la economía crece, eso no se ve todavía en la recuperación de los ingresos del Estado nacional y de todas las provincias. Eso obviamente complica la discusión en términos salariales”.

El mensaje es claro: no habrá negociación salarial por fuera de los márgenes que marque la caja, aun cuando esos márgenes no acompañen la realidad cotidiana de los trabajadores.

Los números que presionan la paritaria

Según datos oficiales del cuestionado INDEC, la inflación acumulada durante 2025 superó el 210%, mientras que los acuerdos salariales estatales en Entre Ríos quedaron varios puntos por debajo de ese índice, aun considerando la paritaria anual “histórica” que destaca el gobierno.

En términos reales, distintos informes gremiales y estudios privados coinciden en que el salario docente perdió entre un 20% y un 30% de poder adquisitivo en los últimos dos años, impacto que se profundiza en los cargos iniciales y en quienes dependen exclusivamente del sueldo estatal.

A esto se suma un dato clave para la discusión actual: las transferencias automáticas por coparticipación a las provincias crecieron por debajo de la inflación, producto de la caída del consumo, la recesión prolongada y la fuerte contracción de impuestos nacionales como IVA y Ganancias.

Esa ecuación explica parte del planteo del Ejecutivo, pero no atenúa el deterioro del ingreso real.

Gremios en alerta: salarios que no alcanzan

Del otro lado de la mesa, los sindicatos -con AGMER a la cabeza- vienen señalando que la discusión paritaria no puede reducirse a una lectura contable, cuando los salarios ya no cubren necesidades básicas.

Según relevamientos gremiales, más del 60% de los docentes entrerrianos se encuentra por debajo de la línea de pobreza, especialmente quienes alquilan o sostienen hogares monoparentales. El reclamo no es solo por porcentajes, sino por cláusulas de actualización automática, recuperación del salario perdido y mejoras en las condiciones laborales.

La Intersindical provincial también advirtió que postergar la convocatoria a paritarias o dilatar definiciones salariales equivale, en los hechos, a un ajuste sobre los trabajadores, en un contexto donde tarifas, transporte y alimentos continúan aumentando por encima de los ingresos.

Entre la “responsabilidad fiscal” y el ajuste silencioso

La estrategia del gobierno provincial busca anclarse en un discurso de prudencia y equilibrio fiscal. Congelamiento de sueldos políticos, control del gasto y advertencias sobre la fragilidad de las cuentas públicas forman parte de ese relato.

Sin embargo, en la práctica, la falta de una recomposición salarial acorde a la inflación termina funcionando como un ajuste silencioso, trasladando el peso de la crisis a quienes dependen de un salario fijo. La discusión paritaria, lejos de ser solo técnica, vuelve a ser profundamente política.

Un conflicto abierto y sin margen para dilaciones

Con datos que muestran salarios atrasados, ingresos provinciales que no repuntan y una inflación que sigue erosionando el poder de compra, la paritaria 2026 en Entre Ríos se encamina a ser una de las más tensas del último tiempo.

Frigerio apuesta a reeditar un acuerdo anual que le dé previsibilidad a la gestión. Los gremios, en cambio, exigen respuestas inmediatas y mecanismos que eviten que el salario siga corriendo detrás de los precios. En el medio, miles de trabajadores estatales esperan que la “discusión de todos los años” deje de ser un ritual repetido y empiece a traducirse en ingresos que alcancen para vivir.

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