El 83,5% de los trabajadores argentinos sufre algún tipo de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. La mayoría restringe la cantidad de comida o resigna su calidad nutricional por motivos económicos, según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) elaborado junto a la empresa Edenred.

El estudio revela que solo el 16,5% de la fuerza laboral formal está libre de privaciones alimentarias durante el trabajo, lo que refleja el fuerte impacto del costo de vida sobre los ingresos.“Esta cifra pone de manifiesto que, para la mayoría de la fuerza laboral, los ingresos no logran cubrir los costos de alimentación durante la jornada, obligándolos a sacrificar su bienestar nutricional como mecanismo de ajuste frente al costo de vida actual”, explicó Ianina Tuñón, investigadora responsable del informe del ODSA-UCA.

El relevamiento, basado en 1.171 casos, muestra además que el 61,1% de los asalariados reconoce haber tenido que saltearse alguna comida durante su horario laboral por falta de recursos. Dentro de ese grupo, el 46,7% lo hace de forma ocasional y el 14,4% de manera regular.
La situación se vuelve más crítica entre los trabajadores jóvenes. El 70,7% de quienes tienen entre 18 y 29 años admite omitir comidas durante su jornada laboral, en muchos casos como consecuencia de salarios más bajos o empleos precarios.

El informe también detecta un deterioro en la calidad de la alimentación. El 78,5% de los trabajadores afirma que opta por alimentos menos nutritivos para abaratar costos. Esta tendencia es más marcada entre quienes perciben ingresos inferiores a 800.000 pesos mensuales, en empleados de pequeñas empresas y en el sector público.

Otro dato preocupante es que el 22,6% de los asalariados directamente no come durante su jornada laboral. En algunas regiones la situación es aún más grave: en el Nordeste del país el indicador trepa al 50,1%. Además, entre los trabajadores del sector público la proporción duplica a la del sector privado: 33% contra 17%.

“La economía personal determina la calidad de lo que se come: más de la mitad ha tenido que saltear comidas y/o elegir alimentos menos nutritivos por motivos económicos. Solo el 16,5% está libre de estas privaciones. Los más afectados son trabajadores de menores ingresos, no calificados y de empresas pequeñas”, señala el documento.

El gasto diario en comida también presiona sobre los salarios. El 43,9% de los trabajadores destina entre 5.000 y 10.000 pesos por día para almorzar durante la jornada laboral, mientras que un 20% supera los 10.000 pesos diarios. Para muchos empleados, la comida pasó a convertirse en un costo que impacta directamente sobre el salario real.

La directora de Asuntos Públicos de Edenred para Europa, América Latina y Medio Oriente, Bárbara Granatelli, señaló que el estudio detectó otra problemática estructural: la falta de apoyo empresarial para la alimentación. “Más de la mitad de los asalariados no recibe ningún aporte de alimentación por parte del empleador. Y hay algo regresivo porque el que trabaja, por ejemplo, en una empresa grande sí puede tener acceso a un beneficio”, sostuvo.

Granatelli también remarcó la importancia de garantizar condiciones adecuadas para la alimentación en el trabajo. “La alimentación no es algo secundario. Un trabajador que come bien es un trabajador que está sano, tiene menos accidentes de trabajo, falta menos y es más productivo”, afirmó.

El informe pone sobre la mesa una realidad cada vez más extendida en el mercado laboral argentino: incluso teniendo empleo, millones de trabajadores deben ajustar su alimentación para poder llegar a fin de mes. Un dato que, según los especialistas, refleja el deterioro del poder adquisitivo y su impacto directo en la salud y el bienestar de quienes trabajan.

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