En el desierto de voces del peronismo paceño, la jugada de Emilio Castrillón no es un gesto aislado, es un ensayo de conducción y una señal hacia el futuro inmediato del PJ.

Cuando el silencio pesa, un nombre ordena

En un momento político donde el Justicialismo de La Paz parece sumido en un desierto de voces claras y propuestas consistentes, la decisión de Emilio Aroldo Castrillón de promover públicamente a Fernando Báez como candidato a intendente irrumpe como una bocanada de aire en una escena que, de otro modo, se debate en la parálisis y la falta de liderazgo articulado.

Castrillón, ex presidente del Superior Tribunal de Justicia, ex senador y legislador provincial, ha dado un paso que, más allá de sus motivaciones personales, tiene un impacto político significativo: apostó públicamente por un actor que no viene de la lógica de los aparatos, sino de la vida municipal y social de la comunidad. La Paz, según se observa en el propio pronunciamiento de Castrillón —que critica la falta de respuesta estructural de la gestión actual— ha acumulado problemas básicos sin una mirada estratégica clara.

Este gesto político cataliza una reflexión más amplia: ¿es posible que Castrillón, consciente de la fragmentación interna, esté intentando encender una luz mínima para que otros se animen a posicionarse y debatir? En ese sentido, la elección de Báez no es azarosa. Castrillón lo conoce, valora su capacidad de gestión y considera que puede ser mucho más que un candidato: un ordenador, un referente capaz de articular un debate interno que hoy el peronismo paceño casi no tiene.

Fernando Báez: un perfil de consenso en tiempos de silencio partidario

Báez llega al primer plano electoral con atributos poco habituales para los cánones habituales de la política local. Su trayectoria profesional fue marcada por una discreción ideológica – fue juez de familia en la etapa final de su carrera judicial – pero también por una reputación de rigor, equilibrio y respeto por las instituciones. Este perfil lo hizo mantenerse al margen del debate partidario explícito, aunque nunca ocultó su origen justicialista. Pero esa misma conducta, centrada en el cumplimiento de funciones públicas más que en las disputas partidarias, se vuelve ahora una virtud en un contexto donde la arena política local clama por liderazgos confiables y ausentes de grietas innecesarias.

El comentario de Castrillón debajo de una crítica al gobierno municipal actual

Más aún, su paso por la administración municipal como uno de los directores de deportes más recordados de la historia reciente de La Paz dejó una marca profunda en la comunidad: impulsó programas de inclusión, desarrollo para niños, adolescentes y jóvenes, y cosechó simpatías a lo largo de varias generaciones que hoy forman parte del tejido profesional y social de la ciudad. Esa impronta de gestión ciudadana contrasta con la escasa presencia de figuras que puedan hablar con autoridad sobre proyectos concretos para el futuro del municipio.

¿Por qué este gesto importa?

Lo que se juega ahora va más allá de una simple candidatura. En un peronismo paceño golpeado por la dispersión y la falta de voces que articulen ideas claras, la señal de Castrillón representa el intento de establecer un punto de referencia, un faro que empiece a indicar dirección. El respaldo a Báez no significa solo una bendición simbólica; es una invitación a repensar la política local desde la seriedad institucional, el compromiso social y la construcción de consensos.

Además, en un tiempo donde la política local suele estar dominada por lógicas de poder tradicionales y discursos que muchas veces no trascienden la retórica, Báez ofrece una combinación poco común: formación, experiencia en gestión municipal y un capital de legitimidad social real. Esto lo posiciona como un candidato capaz de sintetizar demandas diversas de vecinos, instituciones y sectores que esperan algo más que discursos repetidos.

Un desafío, no un gesto aislado

Si el Peronismo de La Paz quiere realmente recuperarse del estancamiento y ofrecer una alternativa concreta a la ciudadanía, no alcanza con gestos simbólicos aislados. Lo que propone Castrillón al impulsar a Báez es una posibilidad de encauzar la discusión interna, de incentivar la participación y de construir una narrativa política basada en credibilidad y gestión. El desafío para Báez será consensuar una propuesta amplia, conectada con las necesidades urgentes de la ciudad, y para el peronismo paceño será saber si está dispuesto a romper con el silencio y construir un proyecto genuino.

Porque, si algo evidencia esta movida, es que una política sin voces claras termina siendo un desierto. Y todo faro, por tenue que sea, empieza a iluminar solamente cuando hay quien lo observa y lo transforma en camino.

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