Entre 2023 y 2025 se consolidó un proceso de desindustrialización acelerada en Argentina, con una caída de la actividad manufacturera.

La industria argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia: entre 2023 y 2025, el país consolidó un proceso de desindustrialización acelerada, donde la actividad manufacturera sufrió en 2024 una caída del 8,8%, superando incluso los peores registros de la pandemia y la crisis de 2009.

Según el último informe del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL), dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en base a datos de la Secretaría de Trabajo, la caída de la producción y el empleo industrial responde el bajo consumo, la apertura comercial y las dificultades para acceder al financiamiento. 

El estudio advierte que el país atraviesa un proceso de desindustrialización acelerada, acompañado por una fuerte pérdida de puestos de trabajo en el sector. En promedio, entre el tercer trimestre de 2023 y mediados de 2025 se eliminaron aproximadamente 100.000 empleos fabriles (contando registrados e informales): cada día, 160 trabajadores industriales perdieron su puesto de trabajo.

En el reporte se advierte el desplome del coeficiente de industrialización. En apenas dos años, la participación de las fábricas en el Producto Bruto Interno (PBI) se hundió del 16,5% al 13,7%. Este indicador no es solo una cifra estadística: representa un retroceso a niveles previos a la Segunda Guerra Mundial, borrando de un plumazo décadas de desarrollo productivo. Mientras sectores como la intermediación financiera y la minería muestran crecimientos exponenciales, la industria se desangra junto a la construcción. De las 24 ramas manufactureras del país, 22 redujeron su actividad en el último bienio.

El diagnóstico para 2026 es sombrío. El Presupuesto presentado por el Ministerio de Economía prevé un recorte del 50% en los recursos destinados a la promoción industrial medido contra el PBI. De persistir este rumbo, la Argentina se encamina a una estructura económica «reprimarizada», donde solo sobreviven los sectores vinculados a los recursos naturales (alimentos y energía), perdiendo capacidades tecnológicas esenciales.

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