La gira de una amplia comitiva del Gobierno por EE.UU. derivó en polémicas por el uso del avión oficial, anuncios de inversiones discutibles y declaraciones de Milei que comprometen al país en la guerra de Oriente Medio.

Por Alberto López Girondo
Hay tantas frases populares para definir el momento que vive el Gobierno de Javier Milei que lo difícil es decidirse por una. Podría ser, por ejemplo, la que se le atribuye a Napoleón, de que el hombre «es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras». O aquella otra, que encaja en el tono soez tan característico del presidente, de que «hablan de moral con la bragueta baja». Es que el viaje de una nutrida comitiva nacional a Estados Unidos mostró en carne viva una feroz interna en torno al mandatario justo en un momento para el mundo en que conviene tener la cabeza fría y muy claros los objetivos más convenientes para la nación, mientras los números de la economía no dan para hacer alharaca de casi nada.
La noticia que ocupa prácticamente la semana la protagoniza el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Un corrosivo militante libertario que desde las redes consiguió visibilidad con un tono agresivo que lo acercó a Milei cuando estaba construyendo un espacio propio para hacerse un lugar bajo el sol de la política vernácula. Primero como vocero y luego como esa suerte de primer ministro que es el cargo creado por la constitución de 1994, no abandonó esa pose de sobrador que, desde ese lugar, solo le podía granjear enemigos. Y bien que los supo conseguir.
Hace exactamente dos domingos, cuando Milei habló ante el Congreso de la Nación para la apertura de sesiones ordinarias de este año, fue uno de los que más promocionó el lema con que imaginaban coronar un año benévolo luego de que la perinola de las elecciones de medio término –con la ayuda de Donald Trump y una oposición adormecida– cayó en «toma todo». «La moral vuelve a ser política de Estado. Cambio de época. Dios bendiga a la República Argentina.» tuiteó Adorni ese primero de marzo.

Poco duró ese espíritu épico y mientras en varios medios circulaba la información sobre nuevas pruebas que implican al presidente en la criptoestafa $Libra, se supo que el jefe de Gabinete había viajado a Nueva York en el avión presidencial con su esposa, Bettina Angeletti, que no tiene ninguna función oficial. Cuando el escándalo iba creciendo, incluso desde comunicadores «del palo», Adorni explicó la presencia de su consorte alegando que quería que lo acompañara porque «vengo una semana a deslomarme a Nueva York».
Si la presencia de Bettina Angeletti colada en una gira oficial hacía ruido, ni qué decir de eso de «deslomarse». Para colmo, apareció un video en que se ve a la pareja en un viaje con un avión privado a Punta del Este en el verano que generó otro alboroto en el que terminó envuelto un periodista de la TV Pública contratado por la actual gestión. Las redes estallaron de memes, cada cual más imaginativo. La del Club Sacachispas –esa humilde y creativa institución del barrio porteño de Villa Soldati–, como suele ocurrir, se hizo notar de entrada.

Hubo una agencia de turismo que captó al vuelo que con un poco de ingenio iban a saltar al estrellato. Y así lanzó una promo: «Para el que quiera irse una semana a deslomarse a Nueva York encontré vuelos ida y vuelta desde 573 USD».

Milei, que tampoco es de cuidar las formas, se metió en la discusión utilizando una estrategia que hasta ahora parecía resultar efectiva. De tal manera que para defender a Adorni de las críticas de que la esposa viajó «con la nuestra», salió a «explicar» que no había un gasto adicional. «Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otros rubros no les importa (ni lo captan) entonces ensucian…», escribió.

La red X se llenó automáticamente de funcionarios del Gobierno en apoyo al colega en desgracia –incluso de Santiago Caputo, acusado de las filtraciones originales por su pelea con Karina Milei–, señal de que la bala había entrado y Adorni se disculpó por eso del «deslome». Algunos apelaron a la interpretación presidencial: es decir, que para el viaje del avión Tango 01, un pasajero no sumaba costos. Claudio Ortizbelgoff, empresario aeronáutico, mostró algunos datos que desmienten esa tesitura. En un largo tuit desmenuza costos extra, como que cada «pasajero adicional (más su equipaje) altera el peso de despegue (MTOW). Eso aumenta el combustible por hora de vuelo. Multiplicado por las horas de una gira presidencial, el costo real es medible, no es cero». Y tras examinar otros adicionales, concluye: «El “asiento vacío” en un vuelo comercial es una pérdida, pero un “asiento ocupado” por alguien ajeno a la operación en un vuelo oficial es un costo fiscal y ético innecesario».

Ruidos y nueces
El objetivo final del viaje era la presentación del Argentina Week, un «road show de inversiones», según explicó el embajador Alejandro Oxenford, que se realizó en las sedes del nuevo edificio del JP Morgan, el Bank of America y el Consulado Argentino en esa ciudad. El Gobierno anunció que se habían logrado inversiones por 16.150 millones de dólares. Pero el mismo informe indica que los inversores fueron Mercado Libre, Pampa Energía, TGS y Taca-Taca/ First Quantum. Las tres primeras son firmas de capitales nacionales (Marcos Galperin, Marcelo Mindlin, familia Sielecki), la cuarta es una multinacional chino-canadiense que ya estaba en el país desde 2014. Como alguien escribió por ahí, podrán haber hecho la presentación en Puerto Madero y se ahorraban dinero y problemas políticos. O sea, demasiado ruido para tan pocas nueces.
El inquilino de la Quinta de Olivos habló también en la Universidad Yeshiva de Nueva York y allí dijo que se sentía orgulloso de ser «el presidente más sionista del mundo», y temerariamente señaló que Irán es enemigo de Argentina. No solo eso, ratificó su alianza con Estados Unidos e Israel y agregó: «Vamos a ganar la guerra contra Irán». Una declaración de guerra que no fue autorizada por el Congreso y que pone en riesgo a la población del país. En tal sentido, una encuesta de Zuban-Córdoba muestra una amplia oposición a semejante posibilidad. Entre los votantes de Sergio Massa, el rechazo alcanza el 91,9%, entre los de Milei, el 53,4%, con solo 29,2% a favor.

La otra guerra que alentó Milei en Nueva York fue contra los industriales argentinos, a los que catalogó de «chorros» y «empresarios prebendarios». Puso nombre y apellido a sus enemigos: «Rocca y Madanes, en convivencia con políticos ladrones, volvieron a ir en contra de los argentinos», dijo, y calificó al cierre de Fate como un apriete cuando se estaba votando la ley laboral.
La UIA, que había mostrado una tibieza que enervaba a los miembros de la organización tras los ataques recibidos el 1-M, pareció apenas despertarse en un comunicado que dice: «Cuando desde la máxima investidura institucional se utilizan expresiones que descalifican a quienes producen e invierten, se genera un agravio injusto hacia ese esfuerzo cotidiano y se debilita el clima de respeto que la Argentina necesita reconstruir».
Mientras Milei celebraba la asunción de su par chileno, el pinochetista José Antonio Kast, y se preparaba para volar a España a recibir otro premio de la ultraderecha internacional, la inflación medida con el índice Caputo dio para febrero 2,9% y amenaza con superar los 3 puntos en marzo. Desde hace 9 meses no baja la inflación y el Gobierno no le encuentra la vuelta a la que, hasta ahora, viene siendo su principal carta de presentación. Cada vez más arrugada, por cierto.