Persisten importantes brechas en el país, donde la salud, la educación y los ingresos aparecen como ejes centrales. Así, el lugar de nacimiento y residencia todavía es un condicionante fundamental.

Por Bautista Monferato
Las condiciones en las que crecen las niñas, niños y adolescentes en Argentina mejoraron durante la última década, pero el avance no consiguió modificar una realidad estructural en la que el lugar de nacimiento y residencia todavía condiciona fuertemente las oportunidades disponibles durante la infancia. Las diferencias entre provincias atraviesan los ingresos de los hogares, la educación, la salud y la exposición a situaciones de violencia, con una marcada distancia entre varias jurisdicciones patagónicas y buena parte del norte argentino.
Así lo mostró Crecer en Argentina: Panorama provincial de la infancia, el informe elaborado por UNICEF Argentina a partir del Índice Provincial de Niñez (IPN). La herramienta sintetiza información oficial de las 24 jurisdicciones y combina cuatro dimensiones: condiciones materiales, educación, salud y violencia. El organismo advirtió que las condiciones de vida durante la infancia tienen un carácter multidimensional y que el acceso efectivo a derechos depende de la interacción entre esos factores.
El resultado nacional correspondiente a 2025 fue de 0,630, dentro de una escala que va de 0 a 1 y en la cual un número más alto representa condiciones relativas más favorables. Sin embargo, detrás de ese promedio conviven realidades profundamente diferentes. Tierra del Fuego, con 0,820, y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), con 0,809, encabezaron el índice, mientras que Formosa, con 0,349, quedó en el último lugar. El propio relevamiento remarcó que, pese a los avances acumulados, persisten importantes brechas territoriales.
“Los datos del índice muestran que las diferencias entre provincias no responden a un único factor, sino a una combinación de múltiples factores que influyen sobre el desarrollo de niñas, niños y adolescentes. En este sentido, se observa que las oportunidades no dependen solamente de las condiciones materiales de los hogares, sino también de la calidad de la educación, el acceso a la salud y la exposición a situaciones de violencia”, explicó a Ámbito Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social de UNICEF Argentina.
Crecer sigue dependiendo del lugar de residencia
El mapa elaborado por UNICEF muestra una fuerte presencia de la Patagonia entre las jurisdicciones mejor posicionadas. Detrás de Tierra del Fuego y CABA aparecen Neuquén (0,761), Chubut (0,738), Río Negro (0,728), Santa Cruz (0,712) y Mendoza (0,691). En el otro extremo se encuentran Formosa (0,349), Chaco (0,436), Misiones (0,523), Corrientes (0,537) y Santiago del Estero (0,562). Entre ambos grupos existe una amplia franja de provincias cercanas al promedio nacional.
“Hablamos de brechas territoriales porque estas condiciones no están distribuidas de manera homogénea en las diversas provincias. Mientras que provincias como Tierra del Fuego o CABA muestran resultados elevados en varias dimensiones simultáneamente, otras provincias acumulan desafíos en más de una dimensión”, señaló Waisgrais. Y explicó, “estas desigualdades responden, entre otras cosas, a capacidades institucionales desiguales, distintas estructuras productivas y diferentes niveles de acceso a servicios e infraestructura”.
El escenario actual es, al mismo tiempo, el resultado de una década atravesada por inestabilidad económica, deterioro de los ingresos, la pandemia y fuertes presiones sobre los servicios públicos. Aun en ese contexto, el IPN nacional pasó de 0,569 en 2016 a 0,630 en 2025, mientras 22 de las 24 jurisdicciones terminaron el período por encima de su punto de partida. El recorrido, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal, dado que el indicador cayó hasta 0,576 en 2023, se recuperó a 0,601 en 2024 y alcanzó su máximo de la serie en 2025.
Ese progreso tampoco implicó una reducción equivalente de las desigualdades. “Se destaca que, entre 2016 y 2025, en 22 de 24 provincias mejoró el resultado del índice. Sin embargo, esto no equivale a decir que las brechas se redujeron. Las provincias que estaban rezagadas avanzaron, pero las que estaban mejor posicionadas también continuaron mejorando. Como resultado, la distancia entre los extremos sigue siendo amplia”, sostuvo Waisgrais. Chaco, por ejemplo, registró el mayor incremento absoluto, al pasar de 0,322 a 0,436, pero permaneció entre las jurisdicciones más rezagadas. También consiguieron avances destacados Salta, Misiones, Formosa y Entre Ríos.
La evolución relativa produjo además modificaciones dentro del mapa provincial. Tucumán avanzó cinco lugares entre 2016 y 2025, mientras La Pampa y Córdoba escalaron cuatro. En sentido contrario, San Luis y Buenos Aires retrocedieron siete posiciones pese a terminar con valores levemente superiores a los del comienzo de la serie, porque otras jurisdicciones progresaron a mayor velocidad. La Rioja y Catamarca fueron las únicas provincias cuyo índice de 2025 quedó por debajo del nivel registrado en 2016.
“Las desigualdades territoriales son el resultado de procesos acumulados durante largos períodos. Muchas veces los problemas se refuerzan entre sí: dificultades económicas, rezagos educativos, problemas de salud y situaciones de violencia tienden a concentrarse en los mismos territorios”, advirtió el especialista.
De allí que, para UNICEF, el cierre de las diferencias no pueda descansar exclusivamente en intervenciones provinciales: el organismo plantea una agenda federal, con políticas sostenidas y articulación entre Nación, provincias y municipios. El informe concluyó precisamente que la distancia entre jurisdicciones continúa siendo amplia y reclama esfuerzos nacionales y subnacionales coordinados.

Educación y salud, las principales señales de alerta
La mejora del indicador global esconde trayectorias muy distintas entre sus componentes. En 2025, condiciones materiales alcanzó un índice nacional de 0,673, educación quedó en 0,477, salud se ubicó en 0,515 y la dimensión de violencia llegó a 0,854. Los números no representan porcentajes de cumplimiento, sino posiciones dentro de una escala común que permite seguir la evolución y comparar jurisdicciones.
La educación aparece como uno de los puntos más críticos en el análisis. “La educación aparece como la dimensión más rezagada del índice (menor valor) y una de las que menos progreso mostró durante el período 2016-2025 (-1%). El principal desafío no parece ser únicamente que chicas y chicos estén en la escuela, sino que la escuela logre transformar esa asistencia en aprendizajes de calidad, trayectorias completas y egreso efectivo del nivel secundario. La expansión del acceso escolar es una condición necesaria, pero insuficiente si no viene acompañada por mejores aprendizajes, mayor terminalidad y reducción de las brechas digitales”, afirmó Waisgrais.
Las diferencias vuelven a ser considerables al abrir ese componente por territorio. CABA y Tierra del Fuego, ambas con 0,76, lideraron los resultados educativos, mientras Formosa (0,26), Chaco (0,27), Santiago del Estero (0,30) y Misiones (0,33) ocuparon las últimas posiciones. La dimensión incorpora asistencia en edades críticas, terminalidad secundaria, aprendizajes y utilización de computadoras, variables que permiten observar no sólo el ingreso al sistema escolar sino también qué sucede durante la trayectoria educativa.
“Es decir, el desafío es garantizar que el origen social o el lugar donde vive un niño no determinen la calidad de la educación que recibe. Cuando existen diferencias persistentes en aprendizajes, acceso a tecnología o finalización de la secundaria, esas desigualdades iniciales terminan reproduciéndose en la vida adulta en forma de menores oportunidades laborales, ingresos más bajos y trayectorias más vulnerables”, agregó el especialista de UNICEF.
La otra advertencia aparece en salud. Su resultado nacional de 2025 quedó 19% por debajo del inicio de la serie, de acuerdo con Waisgrais, y contempla mortalidad infantil evitable, bajo peso al nacer y vacunación. Neuquén (0,766), Tierra del Fuego (0,724), Jujuy (0,712) y Chubut (0,711) encabezaron esa dimensión, mientras Formosa (0,276), Corrientes (0,356) y Chaco (0,402) mostraron los registros más bajos. “Sin embargo, vacunación es la dimensión que muestra una mayor caída en la serie (-38%). En este sentido, se destaca que sostener y crecer en niveles de vacunación, requiere campañas sostenidas, disponibilidad de insumos, confianza de las familias y capacidad de llegar a toda la población”, indicó Waisgrais.
Los avances y el desafío de enfrentar las brechas
Las condiciones materiales mostraron, en cambio, una recuperación pronunciada durante el tramo final del período. La dimensión reúne el ingreso familiar per cápita, la pobreza monetaria infantil extrema y las necesidades básicas insatisfechas. CABA (0,889), Tierra del Fuego (0,830) y Neuquén (0,818) encabezaron esa medición, mientras Chaco (0,426), Corrientes (0,540) y Santiago del Estero (0,551) quedaron en el extremo opuesto. El informe remarcó, sin embargo, que una mejora general de los ingresos puede elevar el resultado agregado sin eliminar privaciones estructurales relacionadas con vivienda, infraestructura y servicios.
El otro avance extendido ocurrió en el indicador utilizado para aproximarse a una dimensión específica de la violencia: el embarazo de niñas menores de 15 años. El promedio nacional alcanzó 0,854 y mostró una evolución favorable a lo largo de la década. La medición debe interpretarse de manera acotada, ya que no pretende representar todas las formas de violencia contra niñas, niños y adolescentes.
“Los avances más visibles aparecen en la dimensión de condiciones materiales y en la reducción del embarazo de niñas menores de 15 años. La dimensión de condiciones materiales muestra una recuperación importante en el tramo final de la serie, impulsada por mejoras en ingresos y una reducción de la pobreza. Por su parte, la dimensión de violencia registra una mejora sostenida a lo largo de la década”, explicó Waisgrais.
Las cifras exponen así una paradoja territorial donde la Argentina consiguió mejorar buena parte de sus indicadores de infancia sin reducir sustancialmente la distancia que separa las condiciones en las que crecen chicos y chicas según la provincia en la que viven. El IPN busca precisamente evitar que el análisis quede reducido a un ranking, ya que una jurisdicción puede progresar y continuar rezagada, mientras otra puede permanecer entre las primeras y deteriorarse en alguno de sus componentes.
“El principal desafío sigue siendo garantizar que el lugar donde nace una niña o niño no determine sus oportunidades de desarrollo. El índice muestra que todavía existen diferencias muy importantes entre provincias en términos de educación, salud, condiciones de vida y protección frente a la violencia”, sostuvo Waisgrais. Y concluyó: “En síntesis, el desafío es lograr que los derechos de niñas, niños y adolescentes sean efectivamente universales. El índice evidencia que hubo avances y que mejorar es posible, pero también que cerrar las brechas territoriales requiere de políticas sostenidas, coordinación entre niveles de gobierno y una atención constante a las desigualdades que aún condicionan las trayectorias de la niñez y adolescencia en Argentina”. (Ámbito)