En el entorno de la ex presidenta afirman que los cruces de los últimos días contra el gobernador son “la reacción de un sector al hecho de que Axel decidió no ir a verla”. Destacan una “disparidad en términos de posibilidad” que obligaría al gobernador a dar el primer paso y niegan que CFK busque trasladar su conducción a Máximo. La diferencia política de fondo hacia 2027: “no vas a seducir a la contra, hay que reforzar lo propio para llegar al balotaje”.

Por Nicolás Baccaro
Las últimas semanas marcaron una fuerte escalada del conflicto entre el kirchnerismo y el sector que conduce Axel Kicillof. Tras una previa que calentó el clima con las declaraciones de la legisladora porteña kicillofista Berenice Iañez, llegó el acto en Parque Lezama a un año de la condena a CFK. La instancia en la que el kirchnerismo convocó a su base política para pedir por la libertad y una eventual candidatura presidencial, terminó marcada por el picante discurso de Máximo Kirchner del cual, junto a la mirada programática de su espacio, resaltaron los misiles teledirigidos al gobernador bonaerense y su armado.
“Algunos esperaron a poner duda la conducción una vez que estuvo presa, pero cuando estaba libre y se presentó al PJ nadie asomó la cabeza”, disparó Máximo desde el atril en el Parque Lezama, y luego sentenció: “los que todo el día hablan de hacer la unidad ni siquiera son capaces de ir a verla a San José para decirle, compañera, ¿Cómo está? ¿necesita algo?”. No hizo falta que el líder de La Cámpora nombrara al gobernador bonaerense para que se entendiera quién era el destinatario de su mensaje.
La demanda del kirchnerismo por que el gobernador vaya a visitar a la ex presidenta y reconozca su rol de conductora política se intensificó al punto de señalar que, al no hacerlo, estaría buscando congraciarse con los sectores del poder que la metieron presa. “Hay muchos dirigentes que no dicen lo que piensan, que operan en los medios algún sentido común que más temprano que tarde se va a caer, y creo que hoy aquellos que no se manifiestan humanamente, solidariamente por Cristina, son los que están buscando caerle bien a quienes la tienen presa”, le dijo a Diagonales Mayra Mendoza luego del acto en Parque Lezama.
“Máximo dijo lo que piensa, otra cosa es el gobernador mandando a decir lo que él no se anima”, declaró días después en El Termómetro el senador bonaerense de La Cámpora, Emmanuel González Santalla. Los dardos hacia Kicillof continuaron el miércoles en una picante sesión del Senado bonaerense, que tuvo a Mario Ishii y a Sergio Berni como principales voceros de la mirada del kirchnerismo sobre los movimientos del gobernador. Los legisladores le reclamaron desde que no camina el conurbano hasta que desconoce que fue CFK quien “le abrió la puerta”.
En el núcleo del kirchnerismo, sin embargo, consideran que el discurso de Máximo en Parque Lezama “no fue internista”. Resaltan la carga programática de las palabras del diputado nacional en torno al problema de la deuda con el FMI y la necesidad de una estructura tributaria más justa en donde paguen más quienes más tienen. Y en oposición a las críticas que les dispensan desde el kicillofismo, en relación a que sólo se concentran en pegarle al gobernador, agregan ante Diagonales que “a Milei lo puteamos y lo combatimos todos los días”.
En el entorno de la ex presidenta explican que las palabras de Máximo del sábado y las posteriores declaraciones de distintos dirigentes kirchneristas no fueron un coro planificado para atacar al gobernador, sino “la expresión de todo un sector que está viendo que Axel ya decidió no ir a verla y que esté muy enojado con eso”. En ese sentido, refuerzan que “Maxi dijo la verdad, y lo ratificó el propio Bianco cuando salió con la burrada de la comparación con una mujer golpeada. Verdaderamente llama la atención que esa sea la única respuesta que tienen”.
En medio de un conflicto donde nadie quiere dar el brazo a torcer, una pregunta pertinente pasa por qué podría ceder cada campamento peronista para destrabar una interna que amenaza con llevarse puestos a todos. Cerca de CFK son tajantes en este punto: “la que está presa es ella, hay una disparidad muy importante en términos de posibilidad. Su teléfono lo tienen”.
Más allá de reclamarle a Kicillof que el no ir a visitar a la ex presidenta “está mal en términos humanos”, las diferencias son sustancialmente políticas. Y ahí reside la gran encerrona de un peronismo que hoy se debate ya no solo en la posibilidad de ir a una PASO, sino incluso en ir dividido a las urnas en 2027.
Uno de los puntos centrales de esas diferencias pasa no solo por el lugar de CFK, sino fundamentalmente por el de Máximo. En el kicillofismo sostienen que la ex presidenta le dijo a Kicillof en la última reunión que tuvieron que debía tomar todas las decisiones de armado político y gestión en acuerdo con el líder de La Cámpora, algo que el gobernador no está dispuesto a hacer. “Con todo respeto, me permito dudar de esas expresiones de Cristina, porque la conozco y jamás diría una cosa así”, dijo en Deslomados, por Diagonales Stream, la diputada nacional y secretaria general del PJ, Teresa García. Sus dichos fueron ratificados a este medio por una fuente de trato directo con la ex presidenta: “eso de la conducción de Máximo es una mentira, no funciona así la cabeza de Cristina”, afirmaron.
Pero la cosa va más allá. En el corazón del kirchnerismo consideran a Kicillof un producto político de la ex presidenta, que hoy busca quedarse con sus votos “con beneficio de inventario y sin siquiera ir a verla”. Sergio Berni puso esto en palabras en el Senado bonaerense cuando afirmó que “la Presidenta le abrió la puerta… Lo llevó como Gerente de Aerolíneas, lo hizo Viceministro de Economía, Ministro de Economía, todos los compañeros trabajamos para que sea diputado nacional”. Desde el núcleo cristinista, una voz autorizada agrega a esa cadena que “en 2019 poníamos un cono y ganaba”, en referencia a que la llegada de Kicillof a la Gobernación bonaerense fue resultado más de una decisión de CFK que de un mérito del actual gobernador.
“Axel se equivoca si piensa que tiene un perfil propio separado de Cristina, porque no lo tiene y sin ella no llega”, continúa el razonamiento de la fuente de trato asiduo con CFK. En este punto diferencian a Kicillof de otra figura como la de Sergio Massa, a quien sí le reconocen un armado y un perfil propios, y a quien dispensan de no pronunciarse públicamente por la libertad de CFK como sí lo hizo en distintas oportunidades el gobernador bonaerense.

La relación del líder del Frente Renovador con el kirchnerismo es un punto que se marca como ejemplo. Cerca de CFK sostienen que Massa dialoga permanentemente con la ex presidenta, y recuerdan que “el que lo volvió a traer fue Máximo”. En esa línea argumental en torno a quién fortalece al peronismo y quién construye su unidad, desde el kirchnerismo agregan los acercamientos de dirigentes como Miguel Ángel Pichetto al espacio, y lanzan preguntas picantes que grafica su mirada sobre el armado kicillofista: “¿Axel a quién trajo de nuevo? ¿Cómo está contribuyendo a reunificar al peronismo?”.
Debajo de esa mirada subyace la que hoy es tal vez la mayor diferencia política de cara a 2027 entre el kirchnerismo y el kicillofismo. Mientras el gobernador trabaja con su MDF en la seducción de sectores externos al peronismo para el armado de una alternativa electoral lo más amplia posible, en el núcleo kirchnerista consideran que esa estrategia es inviable y que lo que hay que hacer es reforzar lo propio para llegar a un balotaje contra Milei. “Fijate que Axel no va a las provincias peronistas, está más cerca de Provincias Unidas. Ahora fue a ver a Valdés, que le votó todo a Milei. Eso es ir a hablarle al sistema, y el problema con eso es que no vas a seducir a la contra. Ese gran frente anti Milei no va a pasar”, sostienen desde las entrañas del kirchnerismo.

En ese sentido, en el cristinismo declaran querer ganar “todas las elecciones, desde la presidencia hasta cada municipio” en 2027, y piden “no insultar la inteligencia de Cristina” con afirmaciones en relación a cierto derrotismo en la estrategia K. El reclamo por la libertad de CFK se encuadra en esta mirada, y cerca de la ex presidenta sostienen que “hay mucha gente muy enojada con que esté presa, por eso es un error que el gobernador no vaya a verla, porque esa gente no lo va a votar”.
Al igual que en el MDF, dentro del kirchnerismo no cierran la puerta a un diálogo y proponen una discusión en torno a “algunos puntos de acuerdo sobre qué le vamos a ofrecer a la sociedad”. Sin embargo, los términos de esa posible conversación aún siguen muy lejos y las posiciones parecen cada vez más distanciadas entre sí. Con el Gobierno nacional en un momento de vulnerabilidad política producto de sus propios fracasos y escándalos de corrupción, el peronismo sigue enroscado en una interna que no le permite aprovechar el momento y enfocar todos sus cañones en unidad contra Javier Milei. El mundial avanza y se acerca el punto en el que las definiciones ya serán ineludibles. El riesgo es llegar desarmados al año electoral, pavimentar el camino a un nuevo gobierno de ultraderecha y colgarse una cruz definitiva para con toda una porción de la sociedad agredida por Milei que hoy sólo pide que alguien le gane en las urnas. Si el peronismo no lo consigue, el reseteo será profundo y nadie quedará por fuera.