Jorge “Kinoto” Vázquez cuestionó la estrategia de quienes pretenden evitar el debate sobre Axel Kicillof para no trasladar la interna bonaerense al resto del país. Advirtió que el peronismo corre el riesgo de quedar atrapado en la tibieza y las contradicciones, y sostuvo que la unidad debe construirse a partir de definiciones políticas.

Jorge Vázquez junto a Axel Kicillof

Hay discusiones que, cuando se intentan esconder, terminan ocupando todavía más espacio. En el peronismo, pretender que no se hable de Axel Kicillof para evitar que la interna de Buenos Aires repercuta en el resto del país puede parecer una estrategia prudente, pero también puede convertirse en una forma de postergar los debates que el movimiento necesita dar.

Esa es, precisamente, la advertencia que plantea Jorge “Kinoto” Vázquez, presidente del Consejo Departamental Paraná del Partido Justicialista.

“Con esa zoncera de que no hay que hablar de Kicillof para evitar trasladar la interna de Buenos Aires al resto del país, nos van a llevar a un Peronismo inmerso en la tibieza, deambulando en las contradicciones, sin un proyecto nacional para derrotar a Milei y a los que sostienen este tipo de modelos”, sostuvo.

La definición no es menor. Porque detrás de la discusión sobre nombres propios existe una cuestión mucho más profunda: qué peronismo se pretende construir para enfrentar al gobierno de Javier Milei y, fundamentalmente, qué proyecto político ofrecerle a la sociedad argentina.

La unidad no puede ser una excusa

Vázquez pone el foco sobre una discusión que atraviesa al PJ, la discusión de la unidad.

Pero unidad no necesariamente significa silencio. Tampoco supone evitar los debates internos, congelar las diferencias o esperar que las candidaturas surjan de acuerdos entre dirigentes mientras las bases observan desde afuera.

“Dejen que los compañeros y compañeras apoyen a quien más los convence”, plantea Vázquez.

Y allí aparece una de las cuestiones centrales de cualquier proceso de reconstrucción política: la participación de la militancia y la posibilidad de expresar preferencias sin que eso sea interpretado automáticamente como una ruptura.

El peronismo tiene una larga tradición de discusiones internas. Lo que debería preocupar no es que existan diferentes miradas, sino que esas diferencias no puedan canalizarse democráticamente y terminen transformándose en inmovilidad.

“Ya bastante sapos nos hemos tenido que tragar por acatar las decisiones de los iluminados”, afirma el dirigente entrerriano.

Jorge Vázquez (Pte. PJ departamento Paraná)

Una frase fuerte, pero que sintetiza un malestar que excede a una persona o a una conducción determinada: la sensación de que demasiadas veces las decisiones fueron tomadas desde arriba y luego presentadas a la militancia como hechos consumados.

No existe un peronismo entrerriano aislado del país

Y aquí aparece una discusión que Entre Ríos no debería esquivar.

No existe un peronismo entrerriano aislado de un armado nacional.

El PJ de Entre Ríos tiene, naturalmente, sus propias particularidades, sus dirigentes, sus intendentes, sus conflictos internos y sus realidades territoriales. Pero forma parte de una estructura política nacional que no puede pensarse al margen de lo que ocurre en el resto de la Argentina.

Pretender construir un peronismo entrerriano completamente desconectado de la discusión nacional sería desconocer que las políticas económicas, laborales, previsionales y sociales que impactan sobre los entrerrianos se definen, en buena medida, en el escenario nacional.

Los trabajadores entrerrianos, los jubilados, los pequeños productores, los comerciantes, los empresarios, los empleados públicos y los sectores populares no viven en una provincia aislada del modelo económico nacional.

Por eso, la reconstrucción del peronismo en Entre Ríos también necesita discutir qué proyecto de país quiere representar.

La pregunta no debería ser solamente quién conduce el PJ entrerriano o cómo se distribuyen los espacios internos. La pregunta de fondo es qué alternativa política se pretende ofrecer frente al modelo de Milei.

De la especulación a la política

“La unidad se construye con definiciones políticas, no con tactiqueos especulativos”, concluye Vázquez.

Tal vez allí esté el núcleo de la discusión.

El peronismo necesita recuperar iniciativa política. Necesita hablar de trabajo, producción, salarios, jubilaciones, educación, salud, federalismo y desarrollo. Necesita volver a construir una propuesta que pueda ser comprendida por una sociedad que, después de años de crisis y frustraciones, decidió apostar por una alternativa profundamente diferente.

Y para eso no alcanza con esperar que el desgaste del gobierno de turno haga el trabajo que la política no está haciendo.

Una oposición no se convierte automáticamente en alternativa. Una alternativa necesita proyecto, liderazgo, organización y capacidad de representar una expectativa social.

En ese camino, debatir sobre Kicillof, sobre Cristina, sobre Massa, sobre los liderazgos provinciales o sobre cualquier otro dirigente no debería ser un problema.

El verdadero problema sería no discutir nada.

Porque si el peronismo vuelve a refugiarse en la tibieza, en los silencios estratégicos y en los acuerdos entre pocos, corre el riesgo de repetir una vieja historia: llegar a las elecciones con una lista de unidad, pero sin una verdadera propuesta de transformación.

Y quizás el desafío sea exactamente el contrario.

Que la unidad no sea el resultado de cerrar la discusión, sino la consecuencia de haberla dado.

Que Entre Ríos tenga voz propia, pero dentro de una construcción nacional. Que la militancia pueda elegir. Que los dirigentes puedan debatir. Y que, finalmente, el peronismo vuelva a preguntarse qué quiere ser, para quién quiere gobernar y qué país pretende construir.

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