La salida de los cuatro especialistas dejó sin profesionales a un servicio que atendía alrededor de 150 niños por semana y realizaba hasta 30 cirugías mensuales. El conflicto expone las dificultades que atraviesa la salud pública entrerriana y abre interrogantes sobre la respuesta del Ministerio de Salud.

La situación del Hospital Materno Infantil San Roque de Paraná suma un nuevo motivo de preocupación. Los cuatro profesionales que integraban el servicio de Otorrinolaringología presentaron sus renuncias y dejaron al establecimiento sin un equipo especializado que cumplía un papel fundamental en la atención de niños de toda la provincia.

La última dimisión se habría formalizado el martes 27 de octubre, completando la salida de todo el plantel, incluido el jefe del servicio. El resultado es tan preocupante como contundente: uno de los principales hospitales pediátricos de referencia de Entre Ríos quedó sin profesionales en una especialidad indispensable.

Las dimensiones del problema se entienden al observar la actividad que desarrollaba el área. Según la información difundida, atendía aproximadamente a 150 chicos por semana, realizaba estudios especializados, endoscopías y hasta 30 intervenciones quirúrgicas mensuales, algunas de ellas de alta complejidad.

Detrás de esas cifras hay familias, pacientes y niños que necesitan respuestas. Muchos llegan desde distintas localidades del interior entrerriano y dependen de la capacidad de resolución del hospital público de Paraná.

Un conflicto que va más allá de lo salarial

Entre los motivos que habrían impulsado las renuncias aparecen cuestionamientos a los controles horarios, que no contemplarían adecuadamente las guardias, urgencias y cirugías fuera del horario habitual. También se mencionan dificultades por la falta de camas de internación, situaciones que obligarían a suspender intervenciones, temor a sanciones administrativas y salarios considerados insuficientes frente a la responsabilidad profesional.

El conflicto deja al descubierto una realidad que no puede reducirse a una discusión administrativa entre autoridades y trabajadores. Cuando las condiciones laborales, la infraestructura y las remuneraciones terminan provocando la salida de un equipo completo, las consecuencias impactan directamente sobre la población que necesita atención.

La responsabilidad de dar respuestas

Ahora la pregunta central es qué hará el Ministerio de Salud de Entre Ríos para recuperar el funcionamiento del servicio y garantizar la atención de los pacientes.

No se trata solamente de cubrir cargos vacantes. Se necesita una respuesta concreta que permita restablecer las prestaciones, atender las urgencias y resolver la situación de los chicos que tienen cirugías pendientes.

La salud pública no puede depender de la resistencia individual de sus profesionales ni sostenerse exclusivamente con controles administrativos. Necesita recursos, condiciones de trabajo adecuadas, reconocimiento y una política sanitaria capaz de garantizar servicios esenciales.

La renuncia de todo un equipo de especialistas en el Hospital San Roque debería encender todas las alarmas. Porque cuando un servicio pediátrico deja de funcionar, el problema no queda puertas adentro del hospital: lo padecen los chicos y sus familias.

¿Quién se hace cargo de garantizar la atención de esos 150 niños por semana?

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