El concejal del PRO y uno de los principales defensores del rumbo económico y político de la gestión municipal blanqueó su aspiración de llegar al despacho de Zorraquín. Dice que primero quiere la reelección de Francisco Azcué, pero ya dejó planteado que su horizonte es la Intendencia. Mientras tanto, la coalición que gobierna Concordia vuelve a exhibir diferencias y empieza a discutir, cada vez con menos disimulo, quién se quedará con el poder en 2027.

La interna dentro del oficialismo concordiense dejó de ser un rumor de pasillos para comenzar a tomar forma pública. Esto le plantea un escenario mucho más complejo al responsable del oficialismo provincial de armar ese territorio. Hablamos del ministro Manuel Troncoso, a quien el propio Frigerio delegó esa tarea de armador.

Concordia representa la pieza más importante en la estrategia electoral del gobierno para alcanzar la continuidad de Rogelio Frigerio, algo que ya nadie discute en esas filas.

Felipe Sastre, concejal del PRO e integrante del oficialismo municipal, decidió ponerle nombre y apellido a una aspiración que hasta ahora circulaba como posibilidad: quiere ser intendente de Concordia.

“Mi sueño, el día de mañana, es ser intendente de esta ciudad”, afirmó Sastre en una entrevista con Radio Rivadavia Concordia. Y fue todavía más explícito al señalar que quisiera ser quien ocupe el denominado “sillón de Zorraquín”.

La definición no es menor. Sastre no es un dirigente externo a la estructura de gobierno: es vicepresidente primero del Concejo Deliberante y uno de los concejales más identificados con el rumbo de la administración de Francisco Azcué. Desde el recinto defendió algunas de las principales medidas del Ejecutivo y se convirtió en una de las voces más firmes a la hora de justificar el achicamiento del Estado municipal, la eliminación de tasas y la participación privada en servicios públicos.

Primero Azcué, después el sillón de Zorraquín

Sastre buscó dejar en claro que su lanzamiento no significa, al menos por ahora, un enfrentamiento directo con el intendente.

Por el contrario, aseguró que quiere que Azcué consiga la reelección y que pretende continuar formando parte de su equipo político. Pero la política tiene sus propios tiempos.

Cuando todavía falta más de un año para las elecciones municipales de 2027, uno de los dirigentes centrales del oficialismo ya hizo pública su hoja de ruta: acompañar la continuidad de Azcué y, después, disputar la sucesión.

El mensaje queda claro, la discusión por el poder que viene ya comenzó. Y los rumores de posible desdoblamiento de las elecciones en.la provincia encendió la mecha.

Cuando los nombres empiezan a aparecer, las alianzas electorales suelen comenzar a mostrar sus verdaderos límites. Algo que en Concordia siempre representó complejidad para las fuerzas en disputa.

Una coalición que vuelve a crujir

La relación entre los distintos sectores que llevaron a Azcué a la Intendencia nunca terminó de convertirse en una estructura política homogénea.

Durante los últimos meses, distintos dirigentes del PRO reclamaron una mayor participación en las decisiones del gobierno municipal. En julio, la presidenta del PRO de Entre Ríos, Nancy Ballejos, sostuvo que la coalición que llevó a Azcué al poder “no puede ser solo un frente electoralista, sino también un frente de gestión”, planteando la necesidad de ampliar la mesa política.

En paralelo, el propio Sastre había señalado que Azcué volvería a convocar a los aliados del oficialismo a una mesa política, en un intento por ordenar las diferencias y contener las distintas miradas dentro de Juntos por Entre Ríos.

Ahora aparece una nueva variable: la sucesión.

Porque una cosa es compartir un gobierno y otra muy diferente es comenzar a construir un proyecto propio para quedarse con ese gobierno cuando llegue el momento.

El defensor de la motosierra mira hacia 2027

Sastre construyó buena parte de su identidad política defendiendo las políticas de ajuste y reducción del Estado.

Fue uno de los principales respaldos dentro del Concejo a las medidas de Azcué y, recientemente, defendió incluso la decisión de disolver la Radio Pública Municipal, iniciativa que terminó siendo aprobada por el Concejo Deliberante con votos del oficialismo y de La Libertad Avanza.

En su reciente entrevista también reivindicó abiertamente su alineamiento personal con Javier Milei y manifestó su intención de continuar articulando políticamente con sectores libertarios.

De esta manera, el escenario que comienza a delinearse para Concordia tiene una particularidad: el oficialismo municipal no solamente deberá administrar las diferencias propias de una coalición, sino también las ambiciones individuales de quienes pretenden suceder a Azcué.

Y eso puede modificar rápidamente las relaciones internas.

Azcué, entre la gestión y la sucesión

El intendente enfrenta así un desafío político que excede las cuestiones administrativas.

Mientras intenta consolidar su gestión, mantener alineado al oficialismo y atravesar las tensiones que periódicamente aparecen dentro de la coalición, comienzan a emerger dirigentes que ya piensan en el día después.

Sastre fue el primero en decirlo públicamente.

Su fórmula es políticamente inteligente: “primero Azcué, después yo”.

Pero en política, cuando alguien dice públicamente que quiere ocupar el lugar que hoy ocupa otro dirigente, la sucesión deja de ser una especulación y pasa a formar parte de la agenda. Y el dato más importante no es solamente que Sastre quiera ser intendente. Es que decidió anunciarlo ahora.

La pelea que recién empieza

La interna de la coalición oficialista de Concordia entra así en una nueva etapa.

El PRO reclama mayor protagonismo. Los distintos sectores de Juntos por Entre Ríos buscan acomodarse. La Libertad Avanza observa el escenario con una agenda propia y Sastre, mientras sostiene su alineamiento con Azcué, ya puso su nombre en carrera.

Por eso, más allá de los discursos de unidad, el 2027 comenzó a jugarse antes de tiempo.

Azcué todavía tiene por delante el desafío de gobernar y buscar su reelección. Pero dentro del espacio que lo llevó a la Intendencia ya hay quienes empiezan a mirar más allá de su segundo mandato.

Y cuando los aliados comienzan a pensar en quién ocupará el sillón del jefe político antes de que termine el mandato, la pregunta deja de ser si existen internas.

La pregunta pasa a ser cuánto tiempo podrán seguir ocultándolas.

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