El gobernador bonaerense cerró en Avellaneda el plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro y dejó una definición que atravesó todo el acto: “No me interesa una construcción a control remoto”. Sin anunciar una candidatura presidencial, mostró estructura, territorialidad y una decisión política de construir por fuera de las lógicas tradicionales de conducción.

Por Redacción Pcv

Hay actos políticos que sirven para acompañar una candidatura y hay otros que sirven, antes que nada, para construir las condiciones para que esa candidatura pueda existir.

El plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) que Axel Kicillof encabezó este sábado en Avellaneda pertenece, por sus características, a esta segunda categoría.

No hubo un lanzamiento formal de candidatura presidencial. Tampoco una ruptura explícita con Cristina Kirchner ni con el kirchnerismo. Pero hubo algo que, políticamente, puede resultar incluso más significativo: una estructura que decidió mostrar que pretende caminar el país y construir una alternativa nacional desde el territorio. Y en la interna peronista, ese dato no es menor.

De Buenos Aires hacia el resto del país

El encuentro realizado en la Universidad Tecnológica Nacional de Villa Domínico reunió a dirigentes y militantes provenientes de distintas provincias y se organizó alrededor de diez mesas temáticas vinculadas con educación, salud, trabajo, producción, ciencia y tecnología, seguridad, obra pública, juventudes y cultura.

Se trabajó en distintas mesas programáticas

La consigna fue “A organizar la esperanza” y el objetivo declarado fue transformar el despliegue que el MDF construyó en territorio bonaerense en una estructura de alcance nacional. Página/12 había anticipado que la convocatoria buscaba reunir delegaciones de las 22 provincias, la Ciudad de Buenos Aires y los 135 municipios bonaerenses.

Pero el dato político no está solamente en cuántos llegaron. Está en qué pretende hacer Kicillof con esa estructura.

Durante su discurso, el gobernador reivindicó las recorridas realizadas por Tierra del Fuego, Chaco, Corrientes, La Pampa, Córdoba y Misiones, y sostuvo que una alternativa nacional no puede construirse desde un escritorio ni a partir de acuerdos cerrados entre dirigentes.

“Para construir una alternativa nacional primero hay que escuchar a la Argentina”, planteó.

Y después llegó la frase que rápidamente se convirtió en uno de los titulares políticos de la jornada.

“No me interesa una construcción a control remoto”.

La definición fue interpretada por distintos medios como un mensaje hacia las discusiones internas del peronismo y, particularmente, hacia quienes pretenden ordenar el futuro electoral desde las estructuras tradicionales.

“De abajo para arriba”

Kicillof insistió en que la nueva construcción debe ser colectiva.

“Las nuevas canciones se componen colectivamente”, sostuvo, para agregar que deben componerse “de abajo para arriba”.

La frase adquiere especial dimensión en un peronismo que atraviesa una discusión sobre liderazgo, representación y mecanismo para definir las candidaturas de 2027.

En las últimas semanas, diferentes sectores del PJ vienen fortaleciendo sus propios espacios. El kirchnerismo mantiene la centralidad de Cristina Kirchner; el Frente Renovador sostiene la construcción alrededor de Sergio Massa; y el espacio de Kicillof profundiza la expansión territorial del MDF.

Por eso, el acto de Avellaneda no puede leerse solamente como una actividad partidaria más.

Es también una demostración de que Kicillof pretende que su espacio tenga una identidad política propia dentro del peronismo.

Abordaje integral en las distintas mesas de planificación de políticas públicas

El escenario elegido tampoco fue casual

Avellaneda aportó algo más que infraestructura para realizar el encuentro.

El municipio tiene como principal referente político a Jorge Ferraresi, uno de los dirigentes que acompaña el armado de Kicillof y uno de los principales impulsores de la actividad.

La elección del lugar se produjo, además, en medio de las diferencias cada vez más visibles entre sectores vinculados al gobernador y La Cámpora.

A la actividad llegaron militantes de todas las provincias, (Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Mendoza, Tucumán, Córdoba, La Pampa, etc)

Distintos medios nacionales interpretaron el acto como una señal de autonomía política frente a la conducción que históricamente ejerció Cristina Kirchner sobre una parte importante del espacio peronista.

Pero Kicillof eligió no transformar esa diferencia en una ruptura abierta. Su estrategia discursiva fue otra.

Axel se centró en hablar de construcción, territorio, participación, federalismo y futuro.

El enemigo externo: Milei

Mientras hacia adentro del peronismo el mensaje estuvo cargado de señales, hacia afuera Kicillof fue mucho más directo.

El gobernador volvió a cuestionar duramente al Gobierno de Javier Milei y describió como “una verdadera catástrofe” la situación económica y social del país.

Cuestionó el concepto oficial de estabilidad y planteó que no puede hablarse de estabilidad cuando las familias no llegan a fin de mes y los hogares acumulan deudas.

También cuestionó el impacto de las políticas nacionales sobre las provincias, las economías regionales, la producción, el empleo, la obra pública, las universidades y la salud.

Y cerró uno de los pasajes de mayor contenido político con una frase dirigida especialmente a empresarios, comerciantes, industriales y trabajadores afectados por la caída de la actividad:

“El problema no sos vos, el problema es Milei”.

La construcción que propone Kicillof, entonces, tiene dos movimientos simultáneos. Uno que es hacia afuera y busca constituirse en una alternativa al Gobierno nacional. Y otro hacia adentro, intenta construir una identidad propia dentro del peronismo.

Cristina, La Cámpora y una disputa que todavía no está cerrada

Aquí aparece el verdadero fondo de la discusión.

El acto de Avellaneda no significó una ruptura formal con Cristina Kirchner. Tampoco Kicillof anunció que será candidato a presidente.

Pero sí expuso una diferencia respecto del modo en que debe organizarse el futuro del peronismo.

Mientras sectores vinculados a La Cámpora continúan reivindicando el liderazgo de Cristina, el espacio de Kicillof viene sosteniendo que la reconstrucción debe hacerse desde los territorios, con dirigentes, militantes y organizaciones de cada provincia.

Ese contraste viene apareciendo en distintos episodios de las últimas semanas y fue señalado por medios como La Nación, Infobae y Diario Popular al analizar el encuentro de Avellaneda.

La diferencia, por ahora, no se tradujo en una ruptura. Pero sí en dos maneras diferentes de imaginar la construcción política que viene.

El mensaje más importante no estuvo en una candidatura

Quizás el aspecto más interesante del acto sea precisamente aquello que Kicillof no dijo.

El dirigente peronista no anunció oficialmente su candidatura presidencial. Tampoco presentó una fórmula. No cerró un acuerdo electoral. Pero mostró algo que puede ser fundamental para cualquier discusión futura: una organización política con presencia territorial y voluntad de extenderse fuera de Buenos Aires.

En política, una candidatura necesita algo más que voluntad personal. Necesita estructura, dirigentes, militancia, territorio, programa y capacidad de construir acuerdos. El MDF empezó a mostrar parte de esa estructura.

Por eso algunos medios hablaron directamente de un paso hacia la candidatura presidencial, mientras que otros pusieron el acento en la construcción federal y en el mensaje hacia la interna peronista.

La diferencia de interpretaciones también resulta significativa. Porque el propio Kicillof parece haber elegido mantener abierta esa definición.

“Esto recién empieza”

El gobernador cerró su discurso reivindicando los encuentros realizados, la expansión del MDF y la necesidad de seguir construyendo una alternativa nacional.

La frase que probablemente mejor sintetizó la jornada fue “esto recién empieza”. Y en términos políticos, parece ser exactamente eso.

El acto de Avellaneda no resolvió la interna peronista. No definió candidaturas. Tampoco clausuró la discusión sobre el liderazgo del espacio opositor. Pero modificó el escenario.

Kicillof mostró que pretende disputar el futuro del peronismo desde una construcción propia, territorial y federal.

Cristina conserva su centralidad en una parte importante del movimiento y La Cámpora continúa sosteniendo su propia estrategia. Massa también desarrolla su espacio.

La competencia interna, por lo tanto, permanece abierta.

Lo que dejó Avellaneda es una certeza mucho más concreta: Axel Kicillof ya no está pensando solamente en gobernar la provincia de Buenos Aires. Está construyendo una estructura política que pretende hablarle a toda la Argentina.

Y cuando un dirigente empieza a recorrer provincias, reunir militancia de distintos distritos, desarrollar equipos programáticos y hablar de una alternativa nacional, la discusión deja de ser solamente sobre el presente.

Empieza a ser, inevitablemente, sobre quién pretende ocupar el lugar de la oposición y cómo piensa construir el poder para hacerlo.

Kicillof no anunció hoy que será candidato. Pero tampoco parece dispuesto a esperar sentado que otros decidan quién será.

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