La pérdida de poder adquisitivo y la precarización empujaron a más mujeres a financiar gastos cotidianos con deuda. Hay más de 10 millones de deudoras y, aunque se endeudan por montos menores que los varones, una proporción mayor de su deuda queda en mora.

La pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones no sólo deterioró el nivel de vida de millones de hogares sino que también los empujó a financiar con deuda gastos que antes podían cubrir con sus ingresos.En dos años, la morosidad se duplicó y dejó de ser un fenómeno asociado a casos aislados para convertirse en una de las principales señales del deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, el impacto no es igual para todos: las mujeres llegan a este escenario con menores ingresos, mayor informalidad y una inserción laboral más precaria, y esa desigualdad también se refleja en la deuda.

El dato es contundente:hay más de 10 millones de mujeres endeudadas frente a 9,3 millones de varones. Si bien las trabajadoras se endeudan por montos considerablemente menores -$3,7 millones en promedio contra $5,7 millones-, una proporción ligeramente mayor de su deuda se encuentra en mora. La combinación revela una vulnerabilidad específica en tanto no se trata de que las mujeres acumulan mayores niveles de deuda, sino de que una mayor parte de lo que deben queda impaga.

La situación se vuelve todavía más crítica cuando se cruzan género y edad. Lasmujeres jóvenes y las jubiladas aparecen como los grupos más expuestos: entre las menores de 25 años, el 38,3% tiene deudas en mora, mientras que entre las personas mayores la brecha frente a los varones se amplía especialmente en el endeudamiento con tarjetas no bancarias. Así, detrás del crecimiento de la mora aparece otra dimensión de la crisis que evidencia cómo la deuda termina funcionando como un mecanismo para sostener ingresos insuficientes y golpea con mayor fuerza a quienes ya parten de una posición económica más vulnerable.

La morosidad se agrava en las trabajadoras

La pérdida de poder de compra de salarios y jubilaciones llevó a millones de argentinos a reemplazar ingresos por deuda y duplicó la morosidad en dos años (porcentaje de deuda con más de 90 días de atraso en el pago). De este modo, la mora dejó de ser una anomalía en el comportamiento de millones de personas y pasó a ser la muestra concreta de la crisis: familias que se endeudan no para consumir más, sino para poder seguir pagando lo básico para subsistir.

No obstante, lanecesidad de tomar deuda por parte de las familias para gastos cotidianos no es un hecho aislado sino que se vincula directamente con las consecuencias del modelo económico en marcha, y con quienes hacen negocio a costa de las urgencias para subsistir. Antes que la deuda y mora, cayó el ingreso. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2024, el salario privado registrado perdió 14 puntos y las jubilaciones casi 40. Después vino una recuperación parcial que nunca completó el trayecto: dos años más tarde, el privado sigue nueve puntos abajo y las jubilaciones, veinticuatro.“Lo que se perdió en el arranque no volvió”, explicó un informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE).

En este escenario, las trabajadoras se vieron directamente perjudicadas: en Argentina, 6 de cada 10 personas pobres son mujeres. La brecha de ingresos alcanzó el 29% (5 puntos más que en 2023), la tasa de empleo se ubicó 20 puntos por debajo de las de los varones, y la informalidad laboral 5 puntos por arriba. De este modo, en el tercer año del Gobierno de Javier Milei, los indicadores muestran con claridad que el impacto del programa económico se distribuye de manera desigual y golpea con mayor fuerza a las trabajadoras. 

Si bien las brechas laborales forman parte de problemas estructurales, cuando la economía empuja hacia la precarización esas desigualdades se profundizan. Las mujeres se concentran en sectores con mayor informalidad laboral, por lo que el deterioro salarial y las políticas que amplían la precarización las afectan con mayor intensidad.

Los datos reflejan esta desigualdad. Las mujeres tienen tasas de actividad y empleo 20 puntos más bajas que los varones y mayores niveles de desocupación, especialmente entre las jóvenes: en el primer trimestre de 2026 el desempleo alcanzó al 15,5% de las mujeres de 14 a 29 años, frente al 14,6% de los varones. A la vez, el 39% de ellas trabaja en la informalidad, cuatro puntos más que los varones. Si se considera la subutilización de la fuerza laboral —que combina desempleo y subocupación— la brecha se amplía: alcanza al 19,8% en mujeres frente al 15,2% en varones. A su vez, la presión efectiva, que incluye a quienes ya están ocupados/as pero buscan otro empleo, alcanzó el 25,4% en mujeres (22,1% en varones).

En este panorama, en el que la crisis económica agravó los problemas estructurales para las mujeres, un informe reveló que la cantidad de deudoras mujeres (10.087.758) es más alta que la de deudores varones (9.343.242). En detalle, los datos provenientes de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA) y procesados por Centro de Estudios para la Ciudad (CEC) exhibieron que la brecha también aparece al analizar el endeudamiento según género. Las mujeres tienen deudas significativamente menores que los varones: en promedio, deben $3,69 millones por persona, frente a los $5,73 millones de los hombres, una diferencia del 35,6%. Sin embargo, eso no significa que enfrenten una menor carga de deuda en términos relativos.

Si bien la proporción de personas endeudadas que se encuentran en mora es algo mayor entre los varones (25,7%) que entre las mujeres (24,4%), el indicador cambia cuando se mira el dinero adeudado. En efecto, la deuda en mora representa el 17,9% del total de la deuda de las mujeres, frente al 17,1% en el caso de los varones. Es decir, aunque hay proporcionalmente menos mujeres endeudadas en situación de mora, la parte de su deuda total que permanece impaga es ligeramente mayor.

En otras palabras, la diferencia muestra que el menor monto de endeudamiento femenino no necesariamente implica una situación financiera más holgada: las mujeres se endeudan por menos dinero, pero una proporción algo mayor de esa deuda termina en mora.

Jóvenes y jubiladas, las más afectadas

El informe del «Mapa de la deuda» presentado por el CEC y la FES reveló diversas brechas sociales que atraviesan el endeudamiento de los hogares argentinos. Por grupos etarios y género sobresaleel peso que recae sobre los segmentos más vulnerables en materia de ingresos y condiciones laborales. 

Por un lado, se destacóla morosidad récord de las mujeres jovenes. En concreto, el 38,3% de las mujeres menores de 25 años (311.087 personas) está en mora, duplicando al promedio nacional del 17,9%. Las provincias más complicadas son San Luis (46,3%), Chaco (43,7%), Catamarca (42,8%), Santa Cruz (41,7%) y Buenos Aires (40,5%). “La precarización laboral, los bajos ingresos y el boom de créditos rápidos en fintech para cubrir gastos diarios”, son las causas que explican este fenómeno según los especialistas.

A su vez, en el otro extremo etario, aparece la grave situación de las jubiladas que están sobreendeudadas. Según la información disponible, la brecha aumenta en el grupo de edad que tiene más de 55 años, llegando a 3,8 puntos porcentuales en el grupo de 66-75 años.

Puntualmente, el endeudamiento se utiliza para cubrir gastos básicos como la compra de medicamentos y el pago del alquiler o hasta cancelar préstamos acumulados. “Entre quienes se endeudaron con tarjetas de crédito no bancarias y no pueden pagarlas, las mujeres mayores se encuentran en una situación comparativamente más desfavorable que los hombres de su misma edad”, explicaron desde el CEC y agregaron que las mujeres jubiladas reproducen su brecha de ingresos en las brechas de morosidad.

Así, para poder afrontar los costos de vida y compromisos financieroslos adultos mayores se ven obligados a prolongar su vida laboral o reinsertarse en la informalidad.

La deuda con entidades no financieras

Al analizar lo que sucede puntualmente conla deuda con emisores no financieros de tarjetas de crédito que son los que mejor reflejan el endeudamiento que financia las compras cotidianas de los hogares, se observa que la brecha de género de la tasa de mora es más pronunciada y presenta una diferencia de 5,1 pp. entre mujeres y varones.

Esta categoría de entidad acreedora engloba, por ejemplo, a las grandes cadenas de supermercados y evidencia queel 29,6% de las mujeres endeudadas con este tipo de entidades tiene deuda en situación de mora, en tanto el 28,9% de los hombres endeudados se encuentra en una situación irregular con su deuda. Particularmente las jóvenes están más afectadas, con un punto porcentual de diferencia entre los géneros: el 52% de las mujeres hasta 25 años endeudadas tienen deuda morosa, contra 51% de los hombres hasta 25 años.

La diferencia del monto promedio por persona entre los géneros es menor en este segmento del mercado crediticio: las mujeres se endeudan en promedio por $925 mil con emisoras no financieras de tarjetas, en tanto los varones se endeudan por $1,14 millones. Sobre el monto de deuda, la proporción de deuda en situación de mora es de 35,9% para las mujeres y de 30,8% para los hombres, es decir, una brecha de 5,1 pp. entre los géneros. Geográficamente, la mayor diferencia en la tasa de morosidad se presenta en Corrientes, seguida por San Luis y Capital Federal.

En definitiva, las desigualdades entre los géneros se vuelven más visibles al incorporar el tipo de entidad acreedor por lo que «las emisoras no financieras de tarjetas de crédito presentan una brecha de género considerablemente mayor que la observada en el conjunto del sistema”, concluyeron los especialistas. (El Destape)

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