El Presidente calificó de “una pelotudez del tamaño de una casa” la afirmación de que los argentinos no llegan a fin de mes y volvió a adjudicarse la salida de 12 millones de personas de la pobreza. Sin embargo, los últimos indicadores oficiales muestran un nuevo aumento de la pobreza y la indigencia, mientras crecen las dificultades para sostener los gastos cotidianos. Entre la celebración del modelo libertario y la realidad de los hogares, la distancia es cada vez más difícil de disimular.

Por Redacción Pcv
El presidente Javier Milei volvió a quedar en el centro de la polémica tras sus declaraciones del lunes 19 de octubre, durante su participación en la Argentina Oil & Gas Expo Patagonia 2026, en Neuquén. Allí defendió su programa económico, cuestionó a quienes advierten sobre las dificultades para llegar a fin de mes y volvió a presentar como uno de los principales logros de su gestión la supuesta salida de 12 millones de argentinos de la pobreza.
Con su habitual tono confrontativo, el mandatario calificó de “una pelotudez del tamaño de una casa” la expresión “la gente no llega a fin de mes” e incluso planteó cómo hacen esas personas para vivir diez días sin comer ni beber.
La pregunta presidencial, lejos de despejar las dudas sobre la situación económica, volvió a poner sobre la mesa una discusión central para millones de familias. ¿Puede el Gobierno descalificar una realidad cotidiana simplemente porque sus indicadores o su interpretación de la economía no coinciden con lo que cuentan los ciudadanos?
Los “12 millones” y una cuenta discutida
Milei insistió en que la pobreza pasó de un 57% a un 32% y sostuvo que, gracias a su gestión, 12 millones de personas dejaron de ser pobres. Pero esa afirmación tiene un problema metodológico importante. El Presidente utiliza como punto de partida una estimación cercana al 57% correspondiente a comienzos de 2024, basada en una simulación que no equivale a un dato oficial comparable con la medición actual. Para evaluar la evolución durante su mandato corresponde tomar como referencia el último trimestre de 2023, antes de su llegada a la Casa Rosada.
El sitio Chequeado ya calificó como engañosa una afirmación similar del mandatario. La discusión no consiste en negar que la tasa de pobreza haya bajado respecto de su pico de comienzos de 2024, sino en determinar cuántas personas efectivamente salieron de esa condición y qué período se utiliza para calcularlo.
La diferencia no es menor. Una cosa es mostrar una recuperación estadística después de un salto extraordinario de la pobreza y otra muy distinta es atribuirse, sin las debidas aclaraciones, el resultado de haber sacado a 12 millones de argentinos de esa situación.
La pobreza volvió a subir
Los datos más recientes del INDEC muestran una realidad que tampoco encaja con una celebración sin matices.
Durante el primer semestre de 2026, la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas en los aglomerados urbanos relevados, frente al 28,2% registrado en el segundo semestre de 2025. La indigencia, por su parte, pasó del 6,3% al 7,5%.
En otras palabras, después de la mejora registrada en períodos anteriores, los dos indicadores volvieron a deteriorarse.
La inflación también sigue golpeando los ingresos. En septiembre de 2026, el índice de precios al consumidor aumentó un 1,9% mensual, acumuló un 23,6% en los primeros nueve meses del año y llegó al 33,4% interanual.
Aunque la desaceleración de la inflación respecto de los niveles heredados de 2023 constituye un dato relevante, eso no significa que los precios hayan bajado ni que los salarios y las jubilaciones hayan recuperado automáticamente su capacidad de compra.
El costo de los alimentos, los servicios, los alquileres, el transporte y los medicamentos continúa condicionando las decisiones de consumo de las familias. La estabilidad de determinadas variables macroeconómicas no garantiza, por sí sola, bienestar en los hogares.
El sueldo no alcanza y los números tienen rostro
Una publicación de Página/12 del 19 de octubre aportó otro dato que interpela directamente al discurso oficial. Según el relevamiento citado por el medio, dos de cada tres argentinos se quedan sin ingresos antes de finalizar el mes y el porcentaje asciende al 72% entre los menores de 40 años. En los sectores de menores ingresos, la proporción llega al 83,3%.
Estos datos describen una dificultad concreta que no puede reducirse a una disputa entre oficialismo y oposición. Cuando una familia recurre al crédito para comprar alimentos, posterga una consulta médica, acumula deudas en la tarjeta o deja de consumir productos que antes formaban parte de su rutina, el problema no desaparece porque el Presidente lo considere una exageración.
La economía también se mide en la mesa familiar, en la posibilidad de pagar las facturas, en el alquiler que vence y en el salario que pierde poder adquisitivo antes de terminar el mes.
Un relato que choca con la vida cotidiana
Milei sostiene que su programa económico está sentando las bases de una Argentina próspera y que el país debe profundizar el rumbo elegido. Su defensa del equilibrio fiscal y de la reducción de la inflación ocupa el centro de su argumentación.
Sin embargo, gobernar implica algo más que exhibir resultados macroeconómicos o proyectar un futuro de crecimiento. También exige dar respuestas sobre las consecuencias sociales de las decisiones adoptadas y reconocer las dificultades que atraviesan quienes no consiguen llegar al día 30 con dinero en el bolsillo.
Descalificar a quienes advierten sobre esa situación no modifica el precio de los alimentos ni aumenta los ingresos de los trabajadores. Tampoco resuelve el endeudamiento de los hogares. Y la insistencia con los 12 millones de personas que habrían salido de la pobreza tampoco cierra la discusión. La metodología utilizada para sostener esa cifra está cuestionada y los últimos datos oficiales muestran que la pobreza y la indigencia volvieron a crecer.
La realidad no se tapa con un discurso
El Gobierno puede defender su modelo, destacar los avances que considere positivos y responsabilizar a las administraciones anteriores por buena parte de los problemas estructurales de la Argentina. Lo que no puede hacer es pretender que una afirmación presidencial sustituya la evidencia estadística ni que la experiencia cotidiana de millones de personas carezca de valor.
Porque detrás de cada porcentaje hay trabajadores, jubilados, comerciantes, profesionales y familias que hacen cuentas todos los días para determinar qué pueden pagar y a qué tienen que renunciar.
La pregunta deja de ser cuántas veces el Presidente repite que sacó a 12 millones de argentinos de la pobreza. La verdadera pregunta es cuántos pueden vivir hoy con dignidad, sin endeudarse para comer y sin tener que elegir entre pagar los servicios o llenar la heladera.
Milei puede insistir con su relato económico, pero no tiene la última palabra sobre la realidad. Esa realidad se verifica todos los días en los hogares argentinos, y los datos disponibles obligan, como mínimo, a discutir seriamente sus afirmaciones.