La intendenta de Paraná celebró las resoluciones adoptadas por el Congreso Provincial del Partido Justicialista, pero una ola de críticas de militantes, dirigentes y congresales volvió a exponer las profundas divisiones internas. Las acusaciones apuntan a una estructura de poder vinculada a Guillermo Michel, Adán Bahl y la propia Romero, señalada por impulsar sanciones y decisiones previamente acordadas.

Por Redacción Pcv
Lo que pretendía ser una muestra de ordenamiento interno y fortalecimiento institucional del Partido Justicialista de Entre Ríos terminó exponiendo, una vez más, las profundas fracturas que atraviesan al peronismo provincial.
La intendenta de Paraná, Rosario Romero, utilizó sus redes sociales para reivindicar el reciente Congreso Provincial del PJ, destacando que allí se debatieron y definieron posiciones sobre temas centrales para la vida partidaria e institucional de Entre Ríos.
«Ratificamos la importancia de sostener las PASO como herramienta de participación democrática, aprobamos las resoluciones del Tribunal de Disciplina y expresamos nuestro rechazo a la reforma previsional impulsada por el Gobierno provincial», sostuvo la jefa comunal.
Sin embargo, su narrativa chocó rápidamente contra una realidad de disconformidad indiscutida en muchas las líneas del peronismo ya que decenas de dirigentes, militantes y congresales salieron a cuestionar públicamente lo ocurrido, denunciando falta de debate, expulsiones direccionadas y decisiones previamente acordadas por una estructura cada vez más cuestionada dentro del PJ.
«No debatieron nada»
Una de las respuestas más contundentes llegó de parte del ex diputado provincial Juan Albornoz, quien acusó a la conducción partidaria de haber utilizado mecanismos formales para imponer decisiones ya tomadas.
«Es mentira que debatieron, censuraron la expresión como hacen siempre, impusieron su criterio desprovisto de autoridad política y moral, aprovechando una mayoría circunstancial e imponiendo maniobras típicas de abogados o escribanos embusteros», escribió.
Pero no fue la única voz crítica
Debajo de la publicación de Romero comenzaron a multiplicarse los comentarios de afiliados y militantes que cuestionaron especialmente las expulsiones resueltas durante el Congreso, señalando que el peronismo atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente y que, lejos de buscar síntesis, la conducción optó por profundizar las divisiones internas.
«Nos llamaron para ver lo que ya tenían cocinado», escribió una militante. Otro mensaje fue todavía más lejos: «En vez de Partido Justicialista se debe llamar Romerista y Michelista porque de justicia social ya no tiene nada».
La sombra de Michel, Bahl y la conducción partidaria
Buena parte de las críticas apuntan directamente a lo que algunos sectores identifican como un núcleo de poder integrado por Guillermo Michel, Adán Bahl, Rosario Romero y otros dirigentes de peso dentro de la estructura partidaria.
Según esta lectura, las expulsiones y sanciones aprobadas durante el Congreso formarían parte de una estrategia destinada a consolidar una conducción cerrada y disciplinar a los sectores internos que vienen cuestionando el rumbo político del justicialismo entrerriano.
La situación adquiere una dimensión todavía más delicada porque ocurre en un contexto donde el PJ intenta reconstruirse después de las derrotas electorales sufridas en 2023 y 2025.
Lejos de transmitir una imagen de renovación, el Congreso terminó reabriendo viejas discusiones sobre la concentración de poder, la falta de autocrítica y la escasa participación de las bases en la toma de decisiones. .
Las preguntas incómodas que nadie respondió
Entre los comentarios que acompañaron la publicación de Romero también aparecieron cuestionamientos vinculados a dirigentes que durante años ocuparon lugares centrales dentro del peronismo provincial.
«¿Y con Kueider qué hicieron?», preguntó uno de los usuarios. Otros mencionaron a Edgardo Kueider, Adán Bahl y Sergio Urribarri, reclamando una revisión más profunda de las responsabilidades políticas que llevaron al peronismo entrerriano a perder credibilidad ante amplios sectores de la sociedad.
Lo que sí quedó en evidencia es la crítica de fondo. Es que para muchos militantes, las sanciones aplicadas parecen dirigirse selectivamente hacia algunos sectores mientras se evita discutir el rol de quienes condujeron el partido durante los años que desembocaron en las derrotas electorales más recientes.
Un Congreso bajo sospecha
A las críticas políticas se sumaron además cuestionamientos respecto de la legitimidad misma del Congreso.
Durante las horas posteriores al encuentro comenzaron a circular versiones y denuncias que ponen en duda la existencia del quórum necesario para sesionar válidamente, un tema que, de confirmarse, podría abrir nuevas controversias dentro del partido. Aunque desde la conducción partidaria se defendió la legalidad de lo actuado, el debate ya está instalado y alimenta la percepción de que las decisiones fueron adoptadas en un marco de escasa transparencia.
El mayor problema está puertas adentro
Mientras el peronismo intenta posicionarse como alternativa frente a las políticas de Rogelio Frigerio y del gobierno nacional de Javier Milei, como paradoja de observa que gran parte de su energía continúa consumiéndose en disputas internas.
Lo que debía convertirse en un punto de partida para la reconstrucción partidaria terminó generando más sospechas, más malestar y más ruido.
En la vereda de enfrente, el oficialismo observa con tranquilidad una escena que parece repetirse una y otra vez: un peronismo atrapado en sus propias tensiones, incapaz de procesar diferencias sin profundizar fracturas.
Tal vez allí radique el dato político más preocupante. Ya no se trata solamente de los ataques externos ni de las dificultades que impone el escenario electoral. El problema central parece estar dentro del propio movimiento. Y cuando la fragmentación nace desde el interior, los costos suelen ser mucho más difíciles de revertir.
Imagen elegida para acompañar esta nota: «La nave de los locos», del pintor flamenco el Bosco, pintada al óleo, estilo gótico (1503-1504)
La barca donde se come, se bebe y se canta, va a la deriva.
«Mientras la conducción habla de reconstrucción, las críticas internas describen un partido cada vez más alejado de sus bases y atrapado en sus propias disputas. Así llevaron adelante un Congreso que parece no haber resuelto nada de lo que se pretendía resolver»
