No es la primera vez en mi vida que siento que estamos transitando un «viaje al pasado». Una parte del pasado que no nos hizo nada bien.

Por Paula Mosesso

El presidente manifestó la intención de volver a un sistema privado de jubilaciones, las AFJP, vigentes en nuestro país durante el periodo 1993-2008, bajo la promesa de maximizar los ingresos de los jubilados/as mientras se achicaba el Estado. Un sistema «individua» en el que cada trabajador ahorraba en una cuenta administrada por entidades privadas que cobraban una «comisión». Las comillas no son casuales: el «individualismo y la meritocracia» eran la ideología imperante en los noventa en contraposición a la solidaridad. Las «comisiones» afrontadas por los trabajadores aportantes, salvo excepciones, fueron incrementándose cada vez más, al punto que llegaron a constituir una importante proporción de los aportes salariales.


Había otro problema, la normativa establecía que el Estado continuaba haciéndose cargo del pago de una parte de los haberes jubilatorios, la Prestación Básica Universal (PBU). Al reducirse la cantidad de aportantes que ahora derivaban sus fondos a las AFJP, el sistema público se desfinanció al punto de que en pleno 2001, durante el gobierno de De la Rúa, se eliminó por decreto la PBU y generó un recorte promedio del 13% a las ya magras jubilaciones.


En 2008, bajo el gobierno de Cristina Kirchner, se volvió al Sistema Público, Solidario y de Reparto que reemplazó a las AFJP, y los haberes jubilatorios crecieron por encima de la inflación en la mayoría de los años subsiguientes hasta 2015.


En este marco, los trascendidos respecto a las decisiones que tomaría el Gobierno de Milei al momento de escribir esta nota no son alentadores. La «vuelta al pasado» parece definitivamente no ser alentadora.

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