Se acumularon durante esta última semana variados reconocimientos, tanto de altos funcionarios como de empresarios relevantes, sobre los efectos negativos que padecen amplios sectores de la población como consecuencia directa del programa económico en marcha.

Por Carlos Heller
En cada caso, sin embargo, se instó a perseverar en los esfuerzos porque, finalmente, vaticinaron, habrá una situación económica ampliamente beneficiosa para el conjunto de la sociedad.
Película
«La foto sigue siendo horrible, pero la película es la mejor de la historia argentina», resumió el presidente Javier Milei, al intervenir en la Conferencia del Consejo de las Américas el pasado jueves.
El titular de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman, acotó, por su parte, que las transformaciones «significan dolor», pero aseguró que «si se consolida el modelo vamos a tener, créanme, un país espectacular».
En una línea similar, Roberto Urquía, presidente y principal accionista de Aceitera General Deheza (AGD), una de las mayores empresas agroexportadoras, afirmó en una entrevista radial que «la macro está bien, hay equilibrio fiscal, la inflación viene bajando», aunque reconoció que «la macro, hoy por hoy, no llega a algunos sectores de la micro». También aseveró: «No tengo dudas de que los sueldos no llegan a fin de mes. Y la paradoja es que a las empresas que tienen que pagar les cuesta mucho (…) Si la empresa ganara muchísimo y la gente cobrara y no le alcanzara, sería una cosa. Pero no es así».
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, admitió a su vez en la Fundación FIEL que la economía avanza a un ritmo menor al esperado. Sin embargo, sostuvo que la política monetaria mantendrá un «sesgo contractivo» y descartó un giro expansivo para impulsar la actividad económica «hasta que la inflación converja con los niveles internacionales».
Como en anteriores experiencias del pasado, se pretende que estamos mucho mejor que en años previos. O bien, que solo resta confiar en el derrame de bienestar que provendrá de las políticas libertarias que alientan las megainversiones energéticas y mineras, el boom de la ganadería y las próximas supercosechas.
La supuesta «luz al final del túnel» se utiliza como metáfora, al igual que la mejora prometida para el «segundo semestre» al comienzo de la gestión macrista, o más lejos en el tiempo, la famosa frase de Álvaro Alsogaray: «Hay que pasar el invierno».
La realidad es que esos pronósticos no fueron seguidos por resultados favorables a las mayorías populares. Y el plan aplicado en esta ocasión no parece que vaya a tener mejor suerte.
Caídas
Por lo pronto, un reciente informe sobre el desempeño de las micro, pequeñas y medianas empresas señaló la caída de ventas como «principal obstáculo» para el 81% de ese segmento, una muestra del achicamiento del mercado interno, fruto de la caída en los ingresos reales de la población y de la apertura importadora, que en varios sectores afectó a los bienes de producción nacional. De hecho, los salarios reales están entre 3,6% (en el ámbito privado) y 16,5% (entre los estatales) por debajo del nivel que tenían en noviembre de 2023.
Pese a esas señales de enfriamiento, el ritmo de la inflación sigue siendo preocupante, por más que el presidente se anote como un punto a su favor el 0,8% de alza mayorista en julio.
Hay que aclarar que el indicador no registra la evolución de las tarifas, transporte público, educación y salud, entre otros rubros.
Mientras, en materia de actividad, el Indec observó un repunte del 1,9% en el período enero-junio de este año, pero con caídas en el comercio y mayormente en la industria.
A su vez, la Encuesta de Supermercados mostró una importante merma en el consumo privado. Con la baja del 3,1% mensual en junio se completaron seis meses seguidos de variación negativa.
El retroceso acumulado en la primera mitad del año es de casi 3% interanual, mientras similar situación se produce en los centros de compra (shoppings), que cayeron un 2,7% interanual en el semestre.
En resumen, como advertí en varias oportunidades, estamos ante el resultado del modelo 80/20, con un 80% de la población que tiene apenas lo necesario (y muchos que no llegan a este nivel), mientras que el 20% refuerza sus ingresos. Lo cual también se refleja en la producción, con gran cantidad de sectores en caída y unos pocos con un importante desarrollo.