El proyecto previsional que ingresó a la Legislatura no sólo enfrenta el rechazo de los gremios: también pone bajo presión a diputados y senadores que deberán asumir el costo político de cada voto frente a trabajadores activos y jubilados.

Por Redacción Pcv
La decisión del gobernador Rogelio Frigerio de enviar a la Legislatura entrerriana el proyecto de reforma previsional abrió oficialmente una de las discusiones más delicadas de los últimos años en la provincia. Lo que hasta hace algunas semanas era un debate técnico impulsado desde el Poder Ejecutivo, ahora se transformará en una batalla política abierta dentro de la Cámara de Diputados y el Senado, donde cada legislador deberá asumir públicamente su posición frente a una iniciativa que ya genera fuerte resistencia sindical y preocupación en amplios sectores de trabajadores activos y jubilados.
El gobierno sostiene que la reforma apunta a garantizar la sustentabilidad de la Caja de Jubilaciones y reducir un déficit estructural que, según datos oficiales, compromete seriamente las cuentas provinciales. Entre los principales cambios aparecen el aumento gradual de la edad jubilatoria, modificaciones en el cálculo del haber inicial, la declaración de emergencia previsional y la revisión de regímenes especiales.
Sin embargo, las principales organizaciones gremiales de Entre Ríos interpretan el proyecto como un ajuste directo sobre los trabajadores y jubilados. Desde ATE, Agmer y otros sindicatos estatales ya se anunció un escenario de movilización y confrontación política, denunciando que la reforma implica pérdida de derechos históricos y un deterioro del sistema previsional provincial
En ese contexto, comienza también una nueva etapa política que reubicará la lupa social y dejará de posarse exclusivamente sobre la Casa Gris, también empezará a enfocarse con fuerza sobre la actuación de diputados y senadores provinciales. Cada voto tendrá consecuencias políticas concretas. Cada ausencia, cada abstención y cada acompañamiento al proyecto oficial quedará registrado en la memoria de un universo laboral profundamente sensibilizado por el debate previsional.
La discusión ya no será solamente jurídica ni económica. Será esencialmente política.
Los sectores activos y pasivos del Estado provincial empezarán a observar con detenimiento quiénes acompañan la agenda del Ejecutivo y quiénes deciden poner límites al avance de la reforma. En tiempos donde la representación política atraviesa una fuerte crisis de legitimidad, el tratamiento de esta ley podría transformarse en una prueba de fuego para buena parte de la dirigencia legislativa entrerriana.
El oficialismo apuesta a mostrar responsabilidad fiscal y capacidad de gestión frente a una Caja de Jubilaciones que considera al borde del colapso financiero.
Pero la oposición sindical y sectores del peronismo ya comenzaron a construir otro relato. Militan el mensaje que asegura que se trata de un ajuste impulsado bajo el argumento del déficit y ejecutado sobre trabajadores que aportaron durante décadas al sistema previsional.
Allí aparece uno de los núcleos centrales de la disputa política que viene: cuánto se fortalece o cuánto se debilita la agenda oficial a partir de esta reforma. Si Frigerio logra ordenar a sus aliados legislativos y construir mayoría sin fisuras, consolidará una señal de poder político en un tema altamente sensible. Pero si el conflicto social escala y el costo político empieza a impactar sobre legisladores propios y aliados, el escenario podría convertirse en el primer gran desgaste de magnitud para la gestión provincial.
La Legislatura entrerriana ingresará así en semanas decisivas. No habrá margen para la indiferencia. La reforma jubilatoria ya dejó de ser solamente un proyecto técnico del Ejecutivo, ahora se convirtió en un examen político para toda la dirigencia provincial.