De candidato presidencial del peronismo que recibió el apoyo explícito de Lula en plena campaña de 2015, a funcionario del gobierno de Javier Milei que hoy felicita a Flávio Bolsonaro. La política argentina vuelve a ofrecer una postal difícil de ignorar.

Daniel Scioli volvió a quedar en el centro de la escena política por una definición que contrasta fuertemente con una de las imágenes más recordadas de su campaña presidencial de 2015. Este domingo, el actual secretario de Turismo, Ambiente y Deportes felicitó públicamente a Flávio Bolsonaro por haber terminado primero en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas.
“Felicito a mi querido amigo Flávio Bolsonaro por esta victoria en primera vuelta, y a todo el pueblo brasileño por esta gran jornada democrática”, escribió Scioli en sus redes sociales.
El detalle es que la historia política de Scioli con Brasil tiene otra fotografía, muy distinta. En septiembre de 2015, cuando era candidato presidencial del Frente para la Victoria, recibió el respaldo explícito de Luiz Inácio Lula da Silva, quien incluso había declarado públicamente “Yo hincho por Scioli”. Ambos compartieron actividades durante la campaña y participaron de la entrega a Lula del Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Matanza.
Aquella visita no fue un encuentro protocolar más. Se produjo pocas semanas antes de las elecciones presidenciales argentinas y fue interpretada entonces como un respaldo político de peso a la candidatura de Scioli. El propio candidato destacaba la relación con Brasil, el Mercosur y la integración regional como parte de su propuesta de desarrollo.

Once años después, la escena es otra. Scioli forma parte del gobierno de Javier Milei y acaba de celebrar públicamente el resultado de Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Y lo hizo mientras la elección brasileña todavía no está definida.
Porque Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos frente al 45,16% de Lula y ambos deberán enfrentarse nuevamente el próximo 25 de octubre. Es decir, Scioli felicitó como una “victoria” definitiva un resultado que, institucionalmente, fue apenas el primer capítulo de una elección que todavía debe resolverse en las urnas.
¿Cuánto pesan las convicciones, las identidades partidarias y las relaciones construidas durante años cuando cambia el escenario de poder?

En 2015, Lula era un aliado y una figura internacional cuya presencia servía para fortalecer la candidatura presidencial de Scioli. Hoy, el dirigente argentino que alguna vez compartió escenario con el líder del Partido de los Trabajadores celebra al principal adversario electoral de Lula.
Entre aquella foto con Lula y el actual saludo a Bolsonaro hay once años y varios cambios de camiseta política. Una distancia que, más que cualquier discurso, deja expuesta la capacidad de adaptación de algunos dirigentes argentinos a los nuevos vientos del poder.