Las provincias litoraleñas de Chaco, Misiones y Entre Ríos atraviesan uno de los momentos más críticos de su historia económica reciente, con caídas sostenidas, cientos de empresas que cierran sus puertas y un tejido productivo que se deshilacha. Los empresarios advierten que sin una agenda de crecimiento, la situación puede volverse irreversible.

La actividad económica de las pequeñas y medianas empresas en Chaco, Misiones y Entre Ríos muestra un panorama alarmante, con caídas sostenidas, cierres masivos de firmas y un tejido productivo que se deshilacha. Los empresarios advierten que sin una agenda de crecimiento, la situación puede volverse irreversible, en un contexto donde la crisis económica se traduce en persianas bajas, empleos perdidos y familias que ven cómo sus ingresos se evaporan.

En Chaco, la Federación Económica presentó su primer Índice Pyme de Actividad Económica, que revela números contundentes: en mayo de 2026, la actividad cayó un 6,2% interanual y acumula una contracción del 7,3% en los primeros cinco meses del año. De los seis rubros relevados, cinco cerraron con caídas que van del 3,1% al 14,6%, y el único sector con crecimiento fue el despacho de combustibles, aunque los operadores aclararon que casi el 65% del aumento se explica por subas de precios e impuestos, no por mayor volumen físico de ventas.

Los sectores más golpeados fueron los Servicios Personales y Profesionales (-14,6%), la Industria Manufacturera (-11%) y Alimentos y Bebidas (-7,6%). Los empresarios consultados describieron un consumidor que reduce cantidades, sustituye productos por opciones más baratas y prioriza lo esencial, con ventas que se concentran en los días de cobro y se contraen drásticamente en el resto del mes. Además, el 47,4% de las empresas relevadas indicó que su situación económica empeoró respecto de un año atrás.

El escenario de Misiones es igualmente complejo. Según datos de empresas empleadoras registradas, la provincia perdió 1.074 firmas entre noviembre de 2023 y marzo de este año, pasando de 9.480 a 8.406 empresas. Eso representa una contracción del 11,3% del stock empresarial, lo que equivale a que una empresa empleadora desaparece cada 20 horas desde la llegada de Javier Milei a la presidencia. Comercio, Industria Manufacturera y Construcción fueron los sectores más castigados, con caídas del 13,5%, 12,9% y 20,8%, respectivamente.

Las empresas de hasta cinco empleados, que constituyen la base del empleo formal misionero, cayeron de 6.619 a 5.817 (-12,1%), explicando el 75% del total de empresas perdidas. El segmento de 6 a 10 empleados mostró la caída relativa más severa, con un -14,9%, en un contexto donde la Confederación Económica de Misiones había advertido meses atrás que la crisis se agravaba frente a la presión fiscal y la recesión.

En Entre Ríos, la Federación Económica elevó un fuerte comunicado en el que advierte que «la fuerte caída del consumo, la retracción de la actividad económica y el constante incremento de los costos operativos están colocando a numerosos establecimientos en una situación extremadamente compleja». Desde la entidad reconocieron que el sector privado asumió el desafío de adaptarse, pero los gastos fijos, las tarifas, los costos laborales y la carga tributaria conforman «un escenario que resulta cada vez más difícil de afrontar».

El turismo, que hasta hace poco era considerado uno de los motores económicos de la provincia, también se resintió por la disminución del movimiento turístico, lo que impactó de manera directa sobre hoteles, restaurantes y comercios vinculados. «Cada comercio que cierra, cada empresa que reduce su actividad y cada puesto de trabajo que se pierde representan un retroceso para toda la comunidad», afirmaron desde FEDER.

Los tres escenarios provinciales comparten rasgos que explican la magnitud del deterioro: economías basadas en pymes agroindustriales y comercio de cercanía, caída del consumo interno, competencia desleal con países limítrofes y una presión fiscal que comprime los márgenes de rentabilidad. A esto se suma la paralización de la obra pública y la retracción de la inversión privada, que afectan de lleno a sectores como la construcción. El reclamo de los empresarios es claro: «No solicitan privilegios, reclaman condiciones que les permitan trabajar, producir, invertir y crecer». (Infogremiales)

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