Mientras el diputado provincial celebraba la aprobación de la ley que regula el juicio político en Entre Ríos, un comentario de su propio hermano, el ex presidente del Superior Tribunal de Justicia, Emilio Castrillón, terminó robándose la escena.

La ironía familiar volvió a confirmar una vieja percepción política en La Paz: nunca caminaron por el mismo sendero.

«Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera…», escribió José Hernández en el Martín Fierro. Sin embargo, la política entrerriana acaba de ofrecer un ejemplo que parece recorrer el camino exactamente inverso. Porque si hay dos hermanos que jamás lograron mostrar coincidencias públicas son Emilio y Sergio Castrillón.

El disparador fue una publicación realizada por el diputado provincial Sergio Castrillón, quien celebró en sus redes sociales la sanción de la ley que establece el marco regulatorio del procedimiento de juicio político en Entre Ríos.

«Hoy aprobamos la ley que establece el marco regulatorio del procedimiento de Juicio Político en Entre Ríos, fijando reglas transparentes y precisas para su tramitación, en cumplimiento de lo previsto por nuestra Constitución…seguimos trabajando para fortalecer las instituciones», escribió el legislador.

Pero la felicitación nunca llegó. Quien apareció en los comentarios fue su propio hermano, Emilio Castrillón, ex diputado provincial y ex presidente del Superior Tribunal de Justicia, con una respuesta cargada de dureza.

«Qué bueno que acompañaron a Frigerio en boludeces.»
Y lejos de detenerse allí, profundizó su crítica: «El juicio político es eso, sacar a uno por mandato político… Arreglen los problemas de los jubilados de la obra social, de los pagos en negro y dejen de joder.»

Las palabras sorprendieron no tanto por el contenido, sino por el origen. No fue un dirigente opositor ni un adversario interno del peronismo quien cuestionó a Sergio Castrillón. Fue su propio hermano, quien compartió la publicación en su cuenta personal de Facebook y agregó un nuevo comentario mucho más directo en el cual acusa al legislador de no haber hecho nada por el pueblo en los dos años y medio de su segundo período ocupando una banca en la Cámara Baja.»No le tiende una mano (a la gente) y no tiene oficina (en su ciudad)», resaltó al tiempo que asegura que su hermano, junto con otros legisladores actuales del PJ, solo son «chupamedias de Rosario Romero y de Gustavo Bordet».

Una distancia que no es nueva

En La Paz, donde ambos construyeron buena su trayectoria pública, nunca fue un secreto que las diferencias entre Emilio y Sergio excedían lo familiar. Quienes conocen la política del departamento sostienen desde hace años que Emilio fue siempre el miembro de la familia con mayor lectura política, más frontal y con mayor capacidad para interpretar los tiempos del poder.

Sergio, en cambio, transitó otro camino. Hoy atraviesa uno de los momentos de menor gravitación de su carrera. Su presencia dentro del peronismo provincial es cada vez más tenue y cuesta encontrar iniciativas o debates en los que logre convertirse en protagonista.

Incluso en el propio departamento La Paz, dirigentes y militantes observan una creciente desconexión del legislador con los problemas cotidianos de la región, en un contexto donde las demandas sociales y económicas requieren una representación política mucho más activa.

Un comentario que dice más que mil discursos

La intervención de Emilio Castrillón no sólo cuestionó el contenido de una ley. También dejó al descubierto una diferencia de concepción sobre las prioridades políticas.
Mientras Sergio eligió destacar un avance institucional impulsado por la Cámara de Diputados, Emilio reclamó que la dirigencia concentre sus esfuerzos en los problemas concretos que atraviesan los jubilados, la obra social provincial y el empleo.

La escena, ocurrida en una simple publicación de redes sociales, terminó reflejando algo mucho más profundo que una discusión legislativa: la distancia entre dos hermanos que nunca lograron compartir una misma mirada política y que, una vez más, volvieron a demostrar que el viejo consejo del Martín Fierro, al menos para los Castrillón, parece haber quedado sólo en la literatura.

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